Capítulo 37

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Fue un beso corto y tierno, con el cual a ojos cerrados disfrutaron de esa renovada cercanía. Sus alientos mezclándose de nuevo, la humedad de sus labios, sus respiraciones al unísono, esa corriente eléctrica que empezó a recorrer sus cuerpos desde el momento en que sus labios se tocaron. Se habían extrañado por meses y sentían como si de nuevo se estuvieran besando por primera vez.

William también se sentía más ligero, ¡por fin lo había dicho!... Tantos años amándola en secreto y ahora por fin podría gritarlo. La forma en que los ojos de Candy se habían iluminado inmediatamente después de su confesión lo había desarmado por completo, ¿sería posible que ella albergara sentimientos por él, tan intensos como los que él tenía por ella?

Lentamente separaron sus labios, y sin separar sus frentes él tomó la otra mano de Candy y entrelazando sus dedos con los de ella le dijo con voz suave:

ーQuédate conmigo para siempre. Empecemos de nuevo a compartirlo todo, ¿quieres Candy?

Candy con los ojos brillosos al punto de las lágrimas y el corazón rebosante, esbozó una sonrisa y le contestó pícaramente:

ーMe parece que el tío William lo aprobaría sin problema.

Una enorme sonrisa se dibujó en los labios de William y ambos se rieron un poco.

ーTienes razón, sin problema... ーle dijo él, depositando después un beso en su frente.

ーBuenas noches, Albert.

ーBuenas noches, princesa Candy.

Cuando Candy llegó a su habitación sentía que flotaba sobre nubes, no creía ser capaz de dormir esa noche. La velada de Año Nuevo no había sido exactamente como ella hubiera deseado, pero después de lo que acababa de pasar en las escaleras la recordaría como una de las noches más hermosas de su vida. 

Después de cerrar la puerta tras de sí, corrió totalmente desinhibida echándose a la cama de un salto, abrazó su almohada, cerró los ojos y llevándose los dedos a sus labios suspiró hondo. ¿Cómo es que ella no le había podido contestar que también lo amaba? Ah sí, ya lo recordaba, sus labios no se lo habían permitido; sin embargo esperaba haber sido capaz de transmitirle todo lo que sentía por él en ese beso.

William siguió a Candy con la mirada hasta que cerró la puerta de su habitación, y sonriendo como niño desconectó las luces del pino navideño y se dirigió a su recámara. ¡Por fin! La había besado, lo había dicho y lo que era más, ella le había correspondido de nuevo, como cuando vivían en la Casa Magnolia. A final de cuentas parecía como si le debiera todo lo que acababa de pasar a la idea de su tía de invitar a los Roebuck; el ver a David tan interesado lo hizo dejar cautela de lado y simplemente actuar, no pensaba perderla.

Tanto tiempo extrañando sus labios, pero por fin parecía que las barreras se habían derrumbado y podían volver a ser ellos mismos de nuevo. Como un chiquillo enamorado se quitó su saco y después hizo lo mismo con las mancuernillas de plata esterlina que sostenían los puños de su camisa, colocándolas sobre su tocador y una vez vestido con su pijama de seda negra se recostó sobre su cama en su posición habitual, con los brazos cruzados detrás de su cabeza. William cerró los ojos y comenzó a recordar todo, pensando: ¿qué haría de ahora en adelante? ¿Cómo le diría a su tía? ¿Cómo reaccionaría ella?... Le tenía que decir, eso era un hecho, desde el momento en que le dijo a Candy que la amaba, su relación pasaba a otro nivel y todos lo sabrían.

********

El primer día del año en la mansión Ardlay, William fue de los primeros en levantarse. Aunque se había quedado dormido después de las dos de la mañana, con las cortinas de su recámara abiertas los rayos de sol que se filtraban a través de la ventana lo habían despertado. Después de darse un baño rápido y de vestirse, decidió asegurarse de que Candy no se hubiera quedado dormida; aún siendo día festivo, estaba seguro de que querría ayudar a la tía Elroy con su terapia de la mañana, antes de que todos se reunieran de nuevo en el comedor a compartir el brunch (desayuno tardío).

Siempre te esperéHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora