«¡Terry! ... Terry está en Chicago y vino a verme...»
Candy se paralizó, no podía pensar, no podía hablar, no sabía que hacer; tantas cosas le pasaban por la cabeza que no podía darle sentido a lo que le estaba sucediendo. Era como si viera todo envuelto en una neblina, precisamente como esa noche de año nuevo en el barco cuando lo conoció y si hubiera estado en cubierta estaba segura de que hubiera caído al vacío...
ー¿Viene conmigo, señorita?
Candy vio al hombre frente a ella pero no entendió lo que le dijo, él tuvo que repetir su pregunta varias veces hasta que ella no pudo hacer nada más que asentir con su cabeza y seguirlo al auto de lujo que estaba estacionado en la acera.
Pareciera como si el corazón de Candy hubiera paralizado a su cerebro y no lo dejó funcionar hasta que un bajo instinto de supervivencia se coló por una rendija; no sabía cuánto tiempo había pasado pero pudo darse cuenta de que se había alejado muchísimo de la ciudad. Estaba apenas atardeciendo cuando salió de la clínica y ahora era totalmente de noche, una noche oscura y con el cielo lleno de estrellas.
El hombre la había llevado por caminos sinuosos a través de las montañas y a lo largo de un río; el corazón de Candy se le empezó a acelerar, estaba demasiado nerviosa, ¿a dónde la estaban llevando?
ー¿Disculpe, falta mucho para llegar? ーle preguntó, tratando de controlar sus nervios.
ーNo señorita, llegaremos pronto.
Candy, con sus manos casi estrangulando su falda trató de relajarse y de confiar en que aunque estuviera tan alejada de la ciudad, si Terry la había llamado él debía de pensar también en su seguridad pero, ¿por qué la había llamado, por qué tan lejos? Ellos se habían prometido el ver hacia adelante, seguir cada quien su camino y ser felices, ¡él no podía abandonar a Susanna!
Candy, más que emocionada por la posibilidad de verlo, estaba muy preocupada por él.
«Terry, nos habíamos dicho adiós y sin embargo pronto nos veremos de nuevo. Estoy sumamente preocupada por ti, por tu carrera. ¿Cómo estarás, habrás cambiado?, ¡tan pronto como te vea soy capaz de golpearte!, ¿qué es eso de preocuparme hasta el punto de no dejarme dormir por las noches?!... Espero poder hacerte entrar en razón».
Después de haber manejado tal vez hasta más de una hora en despoblado, Candy pudo ver que por fin se acercaban a una villa en el campo; una construcción clásica con un frontón estilo griego, elegante y bastante iluminada. El auto se detuvo frente a la entrada principal y el hombre que sin pronunciar palabras la había llevado hasta ahí, le dijo:
ーHemos llegado, él la espera en el interior.
ーGracias...
Candy descendió del auto y abrió la puerta, ¿qué era todo ese secretismo, cómo era que Terry la citaba en un lugar así? Si bien era un lugar elegante, estaba completamente alejado de la civilización y al parecer también totalmente desprovisto de gente, ni un sirviente, ni nada. Es más, el mismo hombre que la había llevado parecía estarle dando la media vuelta al auto y manejando de regreso.
¿De qué se trataba todo eso?! Terry ni siquiera parecía estarla esperando en el vestíbulo o en la sala, ¡no era posible que en tales circunstancias siguiera con sus bromas! En definitiva, algo no estaba bien...
La puerta se cerró con un golpe detrás de Candy y ella sobresaltada se giró para verlo, no sabía qué esperar, no sabía si encontraría a un Terry feliz de verla o totalmente devastado, pero lo que nunca imaginó fue que frente a ella tendría en vez de a Terry, a Neal Lagan...
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Siempre te esperé
Fanfiction¿Qué pasaría si Candy le confiesa su amor a un Albert recién recuperado? Albert ha sido el salvador de Candy en más de una ocasión, aunque ella solo recuerda una de esas veces. Años después de esto, durante la Primera Guerra Mundial, Albert sufre un...
