Capítulo 51

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William bajó las escaleras vistiendo un pantalón de pijama de seda negra. Con la camisa desabrochada y su cabello desordenado se detuvo en el umbral de la puerta de la cocina en donde por fin, después de haberla buscado por todas partes, la encontró ocupada frente a la estufa.

Sin decir nada la observó por unos segundos, se acercó a ella silenciosamente y sorprendiéndola al abrazarla por la cintura, depositó un beso sobre su cuello que la hizo estremecer. El verla ahí vistiendo ese ligero camisón que dejaba entrever su figura sólo había incrementado su deseo, y sin nada más en mente continuó besando su cuello mientras tomaba uno de los tirantes entre sus dedos y comenzaba a jugar con él.

ーTe busqué por todas partes... no me gusta despertarme solo en la cama ーle dijo, trazando con sus dedos el borde frontal de su camisón, y comenzando a explorar lo que había debajo de la ligera prenda de seda, hizo que el tirante cayera por completo sobre su antebrazo.

ーQuise despertarme temprano ーle contestó ella apenas controlando su respiraciónー... la idea era sorprenderte...

ー¿Cocinando?

ー¿Y por qué no?

ーTe prefiero en mi cama...

ーSolo estaba preparando el desayuno.

ーDime ¿quién eres y qué has hecho con mi esposa...? ーle preguntó en un susurro mientras la giraba para tenerla de frente y poder atrapar su boca, desbordando sobre ella todo su deseo contenido.

ーSeñor Ardlay, no entiendo cómo es posible que no sepa quién soy ーle dijo ella entre jadeosー, ni sepa en dónde dejó a su esposa si apenas llevan casados, ¿cuánto... menos de dos meses?

William la cargó por sus caderas haciendo que ella lo rodeara con sus piernas y levantando aún más su largo camisón la guio hasta la pesada mesa localizada en el centro de la amplia cocina, sentándola sobre ella sin dejar de besarla.

ーNos pueden escuchar ーle dijo ella entre besos.

ーNadie nos va a escuchar.

ーPero dices que no sabes qué he hecho con tu esposa...

ーMi esposa acaba de decir que quería sorprenderme con el desayuno...

ーY tú no le creíste... ¿o es que acaso no tienes hambre?

ーNo quise creerle... y muero de hambre. Pero prefiero tomar mi desayuno en la cama... o aquí mismo sobre esta mesa...

ーDejaste la estufa prendida ーcontestó ella en un hilo de voz; el deseo le estaba nublando todos los sentidos.

ーSí... ¿y?

ーY se está quemando lo que preparaba.

ーEl que se está quemando aquí soy yo...

ーBert...

ーMmmhh... ーprotestó, mientras continuaba con el viaje de sus manos desde sus caderas hacia el norte.

ーBert...

ーMmmhh...

«No puedo pensar... cielos, ¿qué le iba a decir? ¡Ah!»

ーPor favor apaga la estufa, no queremos provocar un incendio.

ー¿Y qué crees que estamos provocando? ーle preguntó él con voz enronquecida. 

ーEstoy hablando en serio.

ーYo también.

ーPor favor...

ー¡Dios mío, Candy! ¿Cómo puedes pensar en eso justo en este momento? ーprotestó.

ー¿Y no crees que soy yo quien debería de preguntarte a ti lo mismo? ¡Anda! No quieres que llegue el departamento de bomberos justo ahora.

Siempre te esperéHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora