Con brusquedad, Joseph giró sus cuerpos y rápidamente se colocó el condón.
___ apretó los puños sobre las sábanas y giró la cabeza para verlo tomar aire con los labios entreabiertos. Sus ojos se perdieron en los del otro por unos segundos y ella abrió los hinchados labios y lo incitó a acercarse con la mirada. Joseph gruñó y sus cuerpos se calentaron al tocarse. Él la tomó por el cuello y lo giró un poco para besarla profundamente. Sus lenguas tenían el sabor de sus fluidos y al notarlo, se perdieron más en el delicioso sabor de ambos mezclándose.
La mojada vagina se ___ apretaba de la necesidad y entre gemidos le imploró que la penetrara de una vez por todas. Las palabras casi marearon a Joseph de placer y se deslizó dentro de ella. Sus bocas amortiguaron el largo gemido de alivio que salió de ella. Entre jadeos, Joseph colocó una mano sobre su nalga y la otra en la cintura para equilibrar sus movimientos. Plantando un pie sobre la cama, Joseph comenzó un caliente ritmo. Sus cuerpos chocaban uno contra otro, caderas contra muslos. La fuerza de sus penetraciones subía por la espalda de ___ y hacía que fuertes sensaciones le recorrieran la piel de la nuca, los hombros, haciéndola temblar de felicidad. El sonido de sus cuerpos uniéndose se combinaba con las respiraciones y los gemidos y gruñidos.
–Sí, sí, sí –decía ___ entre gemidos y temblores.
–Así, así, ___, así –respondía Joseph.
___ volteó a verlo y él tenía la cabeza relajada hacia atrás, la mandíbula tensa, gotas de sudor bajaban por su cuello, los músculos de sus brazos tensos, la mano firme en su cintura. Estiró una de sus manos y tocó la que estaba sobre su nalga. Joseph abrió los ojos y su mirada se oscureció más cuando vio ambas manos sobre el redondo y suave trasero.
–Azótame, Joseph –dijo ___ con necesidad.
Joseph sintió los testículos apretarse con esas palabras.
–Oh, nena –movió la otrra mano hacia el centro de su espalda y presionó hacia abajo. Sus pliegues se extendieron más contra sus duros muslos y gimió.
La mano que tenía sobre la nalga bajó y rozó su resbaladizo clítoris. Ella gimió y arqueó la espalda.
El sonido de la palma chocando sobre su piel la hizo abrir los ojos y segundos después un millón de piquetes se extendieron desde la nalga hasta el punto donde él la embestía duramente. Joseph la sintió apretarse alrededor de su sensible pene y gruñó.
___ se arqueó más y las sábanas rozaron sus pezones.
–Joseph, sí –dijo con una voz que casi no reconoció.
Él acarició ambos cachetes con adoración y sintió una mano abandonar la piel. ___ abrió los labios esperando el delicioso contacto y gimió largo cuando escuchó el segundo choque. Su mano era grande y caliente sobre su piel. La mantuvo quieta y el calor contrastó con la helada sensación del choque. Esta segunda nalgada fue más cercana a su vagina que cada vez se sentía más mojada, si es que era posible. Joseph la penetró con fuerza y giró sus caderas, rozando con ese delicioso lugar dentro de ella.
–___ vas a matarme, preciosa –dijo Joseph cuando sacó su duro pene casi por completo.
Ella gimió de necesidad. El labio inferior le temblaba cuando lo miró. Con la mirada fija en ella, Joseph colocó la hinchada cabeza de su miembro en la entrada de ___.
–No cierres los ojos –ordenó y dejó caer una dura mano a milímetros de su entrada.
___ vio sus ojos nublarse al mismo tiempo que su vagina temblaba contra su pene. Sin separar la mirada de ella, Joseph tomó su larga erección y la frotó contra sus inundados pliegues y cuando la restregó sobre su vagina, la otra mano chocó un poco más abajo sobre su nalga. ___ sintió las rodillas debilitarse y apretó las sábanas bajo ella.
–Más –dijo con la voz caliente.
Joseph sonrió.
–Quiero conocer todos tus límites, ___.
–Siento que me vas a llevar a nuevos límites, Joseph.
–Dime qué necesitas, nena –dejó caer su mano justo sobre sus pliegues y ella jadeó con fuerza. La mano de Joseph recibió los calientes jugos que brotaban de su interior y los frotó contra su expuesta raja.
___ explotó del placer y él la levantó contra su cuerpo, sosteniéndola mientras las oleadas iban disminuyendo.
–Quiero que me azotes, Joseph. Una y otra vez. Quiero que me folles profundo y rápido. Una y otra vez. Quiero que me tomes contra la pared, por detrás, que tires de mi cabello, que tortures mis pechos y que mi humedad termine en tus piernas. Quiero que rompas mis límites y me muestres cuánto placer puedes infligir en mi cuerpo. No tengas piedad conmigo, Joseph. Juega con cada centímetro de mi piel, fóllame, chúpame, pellízcame, átame, ábreme, haz que me desmaye del placer, Joseph.
Él acariciaba sus pliegues y sus pechos, la respiración haciéndose pesada contra su cuello.
–Quiero todo de ti, ___. Tu cuerpo, tus gemidos, tu boca, tus deseos más oscuros. Quiero que me pidas todo lo que pase por tu mente y voy a hacer cada fantasía realidad. Voy a ser el mejor amante que tu cuerpo haya conocido, ___. Cada rincón de tu cuerpo va a pedir que lo toque, voy a hacer temblar cada partícula de tu cuerpo y vas a tener cada caricia, cada gota de placer que hay en mí. Necesito que confíes en mí, preciosa. Confía en mí y voy a hacerte disfrutar de cosas que jamás imaginaste, ___. Voy a cuidar cada gemido que salga de tu boca y te voy a traer de regreso cada vez que llegues hasta lugares que nunca has conocido. Quiero llevarte al extremo y que me lleves más allá de algún placer que hayamos sentido. Todo va a ser posible. ¿Confías en mí, ___?
Giró su rostro y en silencio, asintieron. Cada centímetro de sus cuerpos vibraban con electricidad cuando se besaron. Joseph abrió sus piernas y se colocó contra su vagina.
–Comencemos.
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Be Mean - Joe Jonas & Tú
Fanfiction-Estás tan mojada -gruñó Joseph mientras extendía ambas piernas con las manos. -Desde que te conocí -respondió ____. Un eléctrico encuentro puede cambiarlo todo. Especialmente si no sabes con quién te estás metiendo. La química es innegable y su ca...
