XVIII

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Tenía mucho tiempo que Joseph no amanecía tan feliz junto a una mujer. Prefería evitar la incómoda rutina de las mañanas después y daba por terminados sus encuentros en la madrugada. No siempre era incómodo, algunas de las mujeres con las que se había acostado eran totalmente concientes de su eterna fama de soltero y simplemente tomaban de aquellos encuentros tanto como podían. Pero esa mañana Joseph se sintió relajado al saber que ese delicioso calor y suavidad junto a él era ___. Sonrió porque aún tenían tiempo suficiente para darse un baño, desayunar y encaminarse a las conferencias del día. Giró su cabeza y observó el cabello de ___ extenderse sobre su espalda e imágenes de la noche anterior cruzaron por su cabeza. Sabía que era una mujer increíble pero anoche habían alcanzado un nivel de confianza que lo sorprendía. Era un inicio pero ___ había compartido con él sus deseos más íntimos y habían apenas acariciado la superficie de lo que podría ser un profundo y oscuro camino hacia el placer. Su mano hormigueó al recordar las nalgadas que ella había recibido con tanta excitación. ___ sabía lo que le gustaba y no tenía miedo ni remordimiento en pedirlo. Eso lo volvía loco. Lo hacía admirarla de una forma indescriptible. Con suavidad, acarició su espalda y ella lanzó un suspiro. Joseph era totalmente consiente de que debían ser cuidadosos y muy abiertos para que este acuerdo funcionara, con el trabajo y sus responsabilidades en primer lugar. Ella confiaba en él y Joseph sabía que podría confiar en ___. Si se mantenían así, sus encuentros irían evolucionando y realmente deseaba que ese fuera el caso. Disfrutaba mucho estar cerca de ella, era una mujer brillante e inteligente. Y que lo maldijeran si hacía algo para arruinar su acuerdo.

Miró el reloj: 8:05. Deslizó la mano por el costado del delgado cuerpo y con una mano en la cintura, se acercó a su espalda. ___ se amoldó contra su musculoso cuerpo.

–Despierta, bella durmiente –murmuró mientras da ligeras mordiditas a su hombro.

___ sonrió y arrastró la fuerte mano hacia sus pechos. Joseph apretó un pezón y la giró boca arriba.

–Necesito un beso para despertar –dijo ___ estirando su cuerpo.

Joseph sonrió perezosamente.

–Puedo solucionar eso.

Con su boca cubrió un suave pecho y saboreó sus dulces pezones una y otra vez. Tiró de él y mordió con cuidado hasta que ___ se retorció bajo él.

Luego colocó su cuerpo entre sus piernas y bajó su lengua hasta su entrada. Lamió una, dos, tres veces y atacó su entrada como si estuviera besando su boca. Con ferocidad, Joseph subió sobre su cuerpo y colocó una delgada pierna alrededor de su cadera antes de embestir dentro de su canal. Los gemidos de ___ lo envolvían y sus manos tiraban del corto pelo, recorrían sus anchos hombros y bajaban por la musculosa espalda.

Rápidamente llegaron a un delicioso orgasmo y Joseph la observó deshacerse entre sus brazos. Salió de ella y terminó sobre su cadera. Joseph soltó una risita contra su cuello, donde descansaba su cabeza y con un beso dijo:

–Buenos días. 

Be Mean - Joe Jonas & TúHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora