–Chocolate oscuro con cerezas –dijo Joseph con una sonrisa.
___ tomó el cono que Joseph le acercó y le devolvió la sonrisa. Él recargó los antebrazos en el barandal junto a ella, quien miraba el extenso río frente a ellos.
–¿Has estado en Canadá?
–Estuve un año en la universidad de Toronto, ¿tú conoces?–preguntó ella sin dejar de observar el agua.
Joseph negó con la cabeza. ___ sonrió y giró de espaldas, lo miró a la cara y sus ojos se cerraron por el sol.
–No te imaginaba como un fan del chocochips –comentó con ternura observando el cono en sus manos.
Joseph soltó una ligera risa y lamió del helado.
–Y el pretensioso soy yo –dijo burlonamente señalando el de ella.
–No tengo nada en su contra... pero no es un Selva Negra –comió con alegría del suyo.
Joseph la observó con una sonrisa y la tomó de la mano, alejándola del borde.
Caminaron hacia el centro, rodearon las calles y encontraron un lugar en la sombra en Campus Martius. El parque estaba lleno de vida con familias y parejas que disfrutaban del verano. Se relajaron con la música en vivo que llegaba del extremo más cercano del parque. La conversación fluía con facilidad sobre los días universitarios de ambos, veranos calurosos entre amigos y música.
___ estaba a la mitad de una historia sobre uno de los viajes improvisados con sus amigos de la universidad cuando notó algo en la mirada de Joseph.
–¿Qué piensas? –preguntó con curiosidad.
Joseph sonrió y se disculpó por la interrupción.
–Estaba pensando en que tienes amigos muy cercanos.
Ella asintió, esperando a que continuara. Él miró hacia el pasto.
–Y en que me sorprende con cuánta facilidad encuentras el equilibrio entre ellos, la oficina y tú misma. Me he distanciado un poco de esa parte de mí mismo: divertirme con amigos.
–Yo pensaría que tienes bastantes –dijo ella sorprendida.
–Tengo muy buenos amigos, sí. Y también habló con ellos todas las semanas pero por algún motivo no hemos encontrado tiempo para alejarnos de todo unos días y ya.
–¿Viven en Chicago? –preguntó ___ con curiosidad.
Joseph hizo una mueca de vergüenza y negó con una risa.
–Creo que ese es un pequeño inconveniente.
___ rió también.
–Me parece que necesitas ampliar tu catálogo de amigos.
Después de comer algo decidieron explorar la ciudad en tren. Regresaron al centro ya de noche y se dejaron envolver por al ambiente nocturno de las zonas más turísticas. Cuando encontraron una pequeña feria, ___ no los dejó pasar por ahí sin antes recorrer los juegos de destreza.
–Quien pierda invita la cena –lo retó divertida.
El chico les acercó una canasta con aros de plástico a cada uno y Joseph lanzó el primero. El aro se resbaló por el cuello de una botella y cayó al suelo. ___ intentó y uno salió disparado hacia arriba.
–Acepto la apuesta –dijo Joseph entre risas.
Se alejaron del juego con las manos vacías y Joseph le chocó la mano.
–¿Crepas?
___ asintió y sonrió como siempre que Joseph mencionaba algo dulce. Se acercaron al carrito y él intentó adivinar su orden.
–Chocolate y... ¿fresas?
Ella alzó las cejas con sorpresa y la expresión lo divirtió.
–Y queso con aceitunas, por favor.
Su nueva expresión casi le provocó una carcajada. ___ lo observaba entre confundida e incrédula.
Joseph pagó y se alejó un poco mientras esperaban.
–Tú no perdiste –le dijo ella con la misma expresión.
–En realidad, ninguno ganó. Permíteme pagar por esta costosa cena.
Ella rió y luego de unos segundos lo observó incrédula.
–Solo Joseph Jonas pide crepas de queso con aceitunas.
Esta vez no contuvo su carcajada y ella lo observó curiosa.
–Es una orden bastante común, puedo casi asegurar.
–¿Queso con aceitunas, quién lo pide?
–Alguien con poca tolerancia al azúcar por las noches –dijo con voz orgullosa.
–Buen punto –dijo ___ –Hoy me pasé con los postres.
Recibieron su pedido y caminaron por el malecón. Con tranquilidad se dirigieron hacia el hotel y subieron a la suite. Disfrutaron del cálido aire en la terraza y continuaron con la conversación. La electricidad entre ambos estaba ahí pero no con esa hambre urgente que los había consumido la noche anterior. Durante todo el día habían alimentado la curiosidad que sentían el uno por el otro y hablaron de muchísimas cosas que la pasión cegadora les había hecho posponer desde que llegaron a Detroit.
Joseph la observó y recordó la primera noche que ___ fue con él a su departamento.
Permanecieron fuera hasta que el magnetismo fue aumentando su fuerza y sus dedos exploraron la cálida piel del otro, primero distraídamente hasta que la conversación fue quedando ahogada entre suaves besos.
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Be Mean - Joe Jonas & Tú
Fanfiction-Estás tan mojada -gruñó Joseph mientras extendía ambas piernas con las manos. -Desde que te conocí -respondió ____. Un eléctrico encuentro puede cambiarlo todo. Especialmente si no sabes con quién te estás metiendo. La química es innegable y su ca...
