–El viernes tendrás el resto de información que estoy terrizando con mi equipo y si te parece bien podríamos presentar el martes o miércoles de la siguiente semana.
Joseph asintió, revisando con atención las tablas que ___ le había entregado.
–Suena perfecto, tengo el estimado de la propuesta económica pero aún faltaba considerar el benchmarking. Tengo que ajustar algunas cifras, puedo tenerlas listas para el viernes. El lunes cruzamos por última vez los datos y nos enfocamos en terminar la presentación.
–Muy bien, entonces hay que consultar con Henry el día. Empecé un borrador de la presentación, ¿quieres verlo? –preguntó ___ volteando a ver su computadora.
–Claro.
Joseph se levantó de su asiento y rodeó el escritorio hasta quedar a espaldas de ___ y ver la pantalla. Estaban dentro de la oficina de ella, como tantas veces desde que regresaron de Detroit. En algunas ocasiones era ella quién lo iba a buscar a su oficina y algunos días tenían reuniones con una o dos personas de sus equipos de trabajo en la pecera, como le decía ___. Era una amplia sala de juntas en el lado izquiero del piso, con muros de cristal y una amplia mesa color azul bastante útil para extender los planos de los proyectos o en su caso, intercambiar decenas de hojas con tablas y gráficas. Ahí no había mucha privacidad, y aunque la mayor parte de las personas en los escritorios siempre estaban ocupados en sus propias pantallas, ___ no podía evitar sentirse como algún tipo de creatura en exhibición. En la modesta oficina de ___, por otra parte, el cristal era totalmente opaco hacia el exterior.
Joseph se inclinó sobre el escritorio, su rostro quedando a escasos centímetros del suyo. ___ parpadeó cuando el aroma de su loción entró por sus fosas nasales, causando el mismo efecto en ella sin importar que estuvieran en el trabajo. Pasó saliva antes de hablar y sintió que su garganta se había quedado seca por la ola de sensaciones que le provocaba el cálido aroma de Joseph.
Se desplazó por las primeras diapositivas de la presentación, explicando la distribución con palabras que propablamente salían atropelladas y torpes. Él preguntó algo y ella aprovechó la pausa para acomodar sus neuronas, ¿a dónde demonios se había ido su cerebro? Joseph colocó su brazo derecho en el respaldo de la silla de ___ y con la otra mano señaló hacia un punto de la pantalla. A ella no le pasó inadvertido que el movimiento lo había hecho quedar más cerca de su cuerpo y se dio cuenta de que lo había hecho a propósito cuando el aliento de Joseph rozó la piel de su rostro. Miró hacia sus ojos y notó el brillo que emanaba su mirada, conocía ese brillo bastante bien. Se demoró unos segundos en su mirada antes de responder a la pregunta que le había hecho y continuaron viendo las demás dispositivas. Cuando llegaron a la última e intercambiaron algunas notas finales, Joseph mantenía la misma posición. La mano en el respaldo de su espalda no la tocaba pero sentía la electricidad justo en el centro de sus omóplatos, empujando sus hombros hacia atrás.
Joseph inclinó su cuerpo más cerca mientras hablaba, agradecido porque Ana había cerrado la puerta después de entrar brevemente a la oficina unos minutos antes. Observó los labios de ___ cuando respondió y dejó que parte de su cerebro registrara también los movimientos de su boca. Asintió en respuesta a lo que ella le había dicho y dejó que la conversación se ahogara, ya habían acordado los puntos más importantes.
La punta de su dedo medio alcanzó la tela de la blusa anaranjada de ___ y se movió distraída etre sus omóplatos, disfrutando enormemente la fricción de ese sencillo movimiento. La mirada de ___ le dijo que también era consciente de las intensificadas sensaciones que dejaba atrás su dedo. Esta vez Joseph tragó en seco, arrastrando el toque hasta su hombro. ___ inclinó su rostro hacia la suave caricia que subió por su cuello hasta sus labios.
–Joseph –dijo ella en tono de advertencia.
Él sonrió por el movimiento debajo de su pulgar.
–Llevo desde el lunes resistiendo las ganas de tocarte, extrañaba tu piel, cariño. Suave, cálida.
___ cerró los ojos y besó ligeramente su dedo, recibiendo un silencioso gemido de Joseph.
–Tus labios me vuelven loco, ___.
Ahora fue su turno de gemir. Si no hubieran estado completamente en silencio, él no lo hubiera escuchado pero sus rostros estaban cada vez más cerca y eran conscientes de cada respiración que salía del otro, aspirando cada reacción para aguantar el resto del día.
–A la mierda –susurró Joseph antes de elevar su rostro y borrar la distancia entre sus labios.
Sus bocas se encontraron con las ansias provocadas por haberse separado después de la gloriosa semana en Detroit, con fuerza y sin frenar su necesidad. Ambos necesitaban esto, necesitaban sentir los labios mezclarse entre sí, perderse en la suavidad y calor del otro. Joseph movió la mano hacia su nuca, buscando más profundidad. Algo retumbó dentro de él cuando deslizó su lengua entre los labios de ___ y se encontró con la de ella en menos de un segundo. Dios, qué bien se sentía. Tuvo que aguantar un gemido cuando ella se separó ligeramente para tirar de su labio inferior entre los dientes. La pasión de ___ cuando lo besaba siempre le nublaba la cabeza, aumentando aún más su propio deseo.
Deslizó una mano por el costado de ese cuerpo que lo volvía loco y se detuvo en la cintura, acariciándola antes de jalar de ella para ponerla de pie. ___ gimió por la sorpresa y se estabilizó en su pecho, necesitaba sentir su cuerpo ya. Joseph le rodeó las caderas con ambas manos y se pegó a ella hasta que el borde del escritorio chocó con su trasero. Los brazos de ella se colaron entre sus cuerpos, acariciando su torso, los de él aferrándose a sus caderas, tirando de ellas y empujando con las suyas. La evidencia de su exitación se hizo evidente, dura y caliente contra su muslo y ___ gimió.
El escritorio rechinó y el sonido la devolvió a la realidad. Separó sus labios y colocó una mano en el centro del duro pecho, que se elevaba con respiraciones agitadas e irregulares.
–Joseph –repitió ella, con la voz ronca.
Él movió su boca hacia su oído y depositó unos ligeros besos que la hicieron temblar contra él.
–Joseph, aquí no –terminó de decir contra el oído de él.
Asintió y sintió las grandes manos moverse hacia su cintura, gimió en respuesta.
–¿Tienes planes para el viernes? –le preguntó y movió su rostro hasta ver los ojos de él, que le devolvió una mirada cargada de pasión.
–Solo si aceptas ir a mi casa. O si me invitas a la tuya, como tú prefieras.
–Trae tu auto, vamos a ir a mi departamento.
Cuando sus pulsos de tranquilizaron y ___ se acomodó el cabello, Joseph salió de su oficina. O eso hizo después de quitar el seguro de la puerta. Él la miró, divertido y ___ alzó las cejas al darse cuenta de que Ana lo había puesto al salir de su oficina. Unos segundos después de que salió por la puerta, su teléfono vibró.
Ana Laurence [14:01]: Por nada, xx
___ sacudió la cabeza y una risa se le escapó entre los labios.
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Be Mean - Joe Jonas & Tú
Fanfiction-Estás tan mojada -gruñó Joseph mientras extendía ambas piernas con las manos. -Desde que te conocí -respondió ____. Un eléctrico encuentro puede cambiarlo todo. Especialmente si no sabes con quién te estás metiendo. La química es innegable y su ca...
