En situaciones tensas, cuando las cosas pueden venirse abajo por una simple acción malentendida, por alguna palabra mal dicha, por algo que en otra circunstancia sería soportable; los líderes militares deben mantener la calma, la cabeza fría y centrándose en los objetivos. Yondaime Hokage estaba lidiando con momentos de tensión. Hacía un año desde la muerte de uno de sus clanes fundadores, dejando solamente un superviviente leal a la aldea, dejándolos desprotegidos.
Orgullosos. Egoístas. Los Uchiha podían ser considerados como una escoria, un mal necesario en el mundo dado a sus habilidades. El Sharingan solamente acentuaba la importancia que estos tenían para Konoha, incluso más que cualquier otro clan de la aldea. Con la muerte, casi extinción, de los Senju, los Uchiha habían sido un pilar durante las guerras. El ojo que podía controlar masas, quebrar al enemigo hasta hacerlo llorar sangre...no había nadie que quisiera enfrentarse solo a un Uchiha mano a mano, conociendo de lo que eran capaces, de lo que harían por sus familias y la sangre que derramarían solamente para vengarse. Se dejaban guiar por los sentimientos. Eso era algo que el Nidaime Hokage comprendió de los Uchiha, por más odio que los tenía. Pero los respetaba. Les importaba más su familia que cualquier extraño. Y eso los hacía distintos a ojos de Tobirama.
Pero por más amor que tuvieran hacia los suyos, los Uchiha no estaban hechos para liderar. Si en un conflicto, el Hokage dejaba que su odio lo cegara, todo se vendría abajo. La sangre correría y miles de inocentes caerían sin siquiera saber el motivo.
Namikaze Minato entendía que los sentimientos debían quedarse a un lado de las negociaciones. Pero, ¿qué pasaba cuando tu gente era masacrada sin un motivo? Esa era la pregunta que, durante semanas, había estado rondando por la mente del Yondaime mientras observaba a la aldea desde lo alto de la torre, con sus dos ojos azules como dos zafiros, reluciendo, puestos en los civiles y shinobi que se movían por las calles, ajenos a lo que estaba pasando.
Ser el líder, requería tomar responsabilidades.
Pam
Movió la cabeza, fijando su vista en un hombre vestido con un kimono algo sencillo. Vendas cubrían el lado derecho de su rostro, y aquel ojo oscuro era como un pozo sin fondo.
—Shimura—susurró el Yondaime, mirando nuevamente hacia el exterior, observando los copos de nieve caer. Había llegado el invierno, uno más duro y que los había debilitado aún más.
Shimura Danzō había sido uno de los pocos en el continente que vivieron las tres guerras ninja y que sobrevivió a ella por encima de muchos, haciendo actos que otros encontrarían repulsivos, malvados...pero necesarios. Se le podía tildar de asesino, un cruel hombre que se bañaba en la sangre de inocentes, alguien sin consciencia. Pero gracias a sus movimientos, ¿cuántos niños estaban ahora con su madre? ¿Cuántos crecieron? No era un buen hombre, y eso él mismo lo entendía, comprendiendo que jamás sería una luz como Minato, y era más la raíz que mantenía al árbol, alto, fuerte...seguro.
—Namikaze—Danzō devolvió el saludo, deteniéndose a unos metros del escritorio del Yondaime, apoyando el peso de su cuerpo en el cayado que llevaba consigo, golpeando levemente el suelo con cada paso—. Te ves...viejo.
—El tiempo pasa para todos—expresó Minato, aun manteniendo sus ojos sobre el pueblo, mostrando una actitud calmada a pesar de lo que tenían encima—. ¿Qué ha pasado?
—Deberías saberlo, Yondaime...
—No juegues conmigo ahora, Danzō. Estamos en un punto crítico. Sin Uchiha's. Sin ojos sobre nuestros enemigos. ¿Cuánto crees que tarde Iwa en lanzarse sobre Konoha como un lobo sobre un ciervo, a la yugular? Incluso Kumo tomaría cartas si viera la oportunidad.
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A.N.B.U
FanfictieEl escuadrón táctico especial de las aldeas ninja, quienes deben mostrar sus habilidades en misiones capaces de destrozar mentalmente a un persona normal. Misiones, que enloquecerían a un humano. Psicológica y mentalmente, los ninjas de ANBU deben e...
