22. La emisaria de Suna

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Las guerras nunca son llevadas por una sola nación, un solo ejército, un solo país o continente. Kirigakure llevaba un tiempo con una guerra civil intensa, que estaba dejando la tierra manchada con la sangre de sus compañeros, de aquellos que anteriormente habían visto como hermanos y ahora eran simples enemigos. Cuerpos comenzaban a amontonarse. Los muertos estaban acumulándose por docenas y Yagura no podía olvidar la caída de Zetsubō, su bastión más resistente, en el que había puesto todas sus esperanzas si la guerra se tornaba en su contra. Sin esperarlo, Zetsubō cayó, quedó reducido a nada, con más de doscientos shinobi de su lado muertos, con pocos supervivientes. La balanza se había inclinado a favor de los rebeldes liderados por Mei, dejándolo a él en una situación delicada. No podía desperdiciar a sus soldados en batallas innecesarias. Debía planear todo para que aquella guerra terminara de una vez por todas. Eliminar completamente cualquier oposición a su puesto como el Kage de Kiri y la exterminación de las líneas de sangre.

Para ello, Yagura encontró un aliado completamente inesperado: el Yondaime Kazekage, Sabaku no Rasa, el líder de la aldea de Sunagakure no Sato. No había esperado que una de las cinco aldeas lo ayudara, cuando estaba haciendo lo que habían llamado la Purga de Sangre.

Y aunque no lo había mencionado a sus hombres, necesitaba esa alianza para exterminar completamente a la plaga que estaba ocupando su tierra. Los debía exterminar antes de que tuviera que tomar partido para ello. No quería verse involucrado con aquellos que consideraba unos simples insectos.

Para llevar acabo el pacto con los de Suna, Yagura había designado a Raiga, uno de los Shinobigatana, como líder del escuadrón ANBU que tomaría el pergamino de las manos de la emisaria de la aldea de la arena, una de sus jōnin de élite que se había ganado muchos seguidores dentro de su propia tierra, así como del Daimyō del viento, un hombre que colocó sus esperanzas en las nuevas generaciones de shinobi de su país. Un país árido que necesitaba ce contratos externos para sobrevivir, como bien sabia el propio Yagura, quien extendió su oferta hacia Rasa, entregándole el País de las Olas, una pequeña agrupación de islas dirigida por un familiar del Daimyō del Agua y sin una importancia real en el país. Con el País de las Olas bajo el mando del Viento, sin duda Suna aumentaría aún más sus propios ingresos y la calidad de vida.

―Raiga-sama. ¿Cuánto debemos esperar para encontrarnos con esta...emisaria?

El escuadrón ANBU había permanecido en el bosque de Kiri por más de dos horas y media, completamente ocultos. Los rebeldes aun estaban dentro de su país y no podían correr riesgos innecesarios. Menos, cuando estaban a punto de lograr una alianza con la aldea de la arena, lo que les permitiría aumentar su poder militar en contra de los rebeldes.

―Lo que sea necesario―replicó el portador de las Kiba, apoyado en el tronco del árbol, con sus dos espadas gemelas en la espalda, manteniendo los ojos cerrados.

Desde aquella pelea con los ANBU de Konoha, hacía ya un año y dos meses, Raiga había aumentado su propio entrenamiento cuando no estaba en misiones, dispuesto a dar caza al único superviviente del pequeño pelotón. No sabía cómo, pero aquel bastardo había eliminado a un centenar de jōnin y ANBU leales al Mizukage, dejando cuerpos destrozados, sangre esparcida por el suelo. Cuando despertó del genjutsu, aquella imagen lo había recibido con los brazos abiertos. Incluso Zabuza había parecido sorprendido por la imagen que ambos estaban viendo.

Había sido un simple joven el que había ocasionado tal masacre. Ningún superviviente...salvo ellos.

¿Quién mierdas fue ese crío?

Raiga había tomado como objetivo encontrar a aquel ANBU y eliminarlo, entregándole después la cabeza a Yagura sobre la mesa, para incitarlo al extermino de Konoha, una aldea repleta de usuarios de Línea de Sangre, como los Hyūga, los Kurama y, por suerte, los exterminados Uchiha, aunque se decía que había uno que seguía con vida dentro de la misma aldea, al cual ellos podrían tomar y matar.

A.N.B.UDonde viven las historias. Descúbrelo ahora