Sin decir una palabra más, subí al auto y cerré la puerta.
René condujo alrededor de una hora hasta llegar a un edificio que en mi vida había visto.
_ Espero estés listo para hacer esto.- dijo René observándome a los ojos.
Pensé un minuto en qué sería lo mejor, en cuales serian las palabras correctas que debía pronunciar, pero nada surgió. Entonces expresé lo que realmente quería decir desde hacía muchos días. Sonreí y observé directamente a René.
_ Quiero ver a Vanessa.
Esta vez no titubee. Podía sentir la sinceridad de mis palabras; podía sentir paz dentro de mí al darme cuenta que todas las inseguridades que una vez había tenido ya habían quedado atrás. Había visto a René a los ojos y el reflejo de mi imagen en ellos era de alguien que sabía y quería algo sin importar qué.
_ Ya estás listo- respondió René- Finalmente te agarraste los huevos y hablaste de frente como un hombre… niño.
René me dio la espalda y comenzó a caminar, sin embargo, estaba seguro que, en el momento que volteó, sonrió. Y esa sonrisa había sido genuina.
Entré al edificio. René fue abordada por un oficial que le dijo algunas palabras y le señaló una puerta.
_ Sígueme Iván.- me indicó al tiempo que el policía nos daba acceso.
_ ¿Dónde estamos?
_ No preguntes y muévete.- le obedecí.
Entramos por la puerta que el oficial había señalado, y cuando la atravesé, me sorprendió ver a la persona que estaba ahí.
Era un hombre muy alto, quizás medía un metro noventa. Tenía el cabello cano peinado a la perfección. En su juventud, seguramente había sido una persona bien parecida. Llevaba un elegante traje negro, y en cada empuñadura, unas deslumbrantes mancuernas de oro. Su corbata, de un azul opalino, quedó totalmente expuesta una vez que soltó el botón de su esmoquin.
Todo en él denotaba elegancia. Su ropa, sus zapatos (lustrados al punto de tener un brillo envidiable), incluso su postura y su aroma; pero lo que no cuadraba en la ecuación, era ver las cicatrices de quemaduras que había en la mitad de su rostro y el color apagado de sus ojos.
_ Hola Iván.- dijo el desconocido elegante.- Por favor, toma asiento.
Señaló cabalmente una silla que se encontraba vacía. Me adentré en ese extraño cuarto y tomé asiento. Entonces René se colocó al lado del sujeto y este le tomó del hombro. René comenzó a guiarlo hasta un asiento que estaba frente a mí.
Ahora lo entendía. Sus ojos estaban opacos porque estaba ciego.
_ Gracias René- dijo amablemente el extraño y le dedicó una amable sonrisa.
_ No hay de qué.
Luego de guiarlo a su asiento, René se dirigió a una esquina de la habitación y se quedó ahí.
_ Me da gusto conocerte finalmente Iván, mi nombre es Renato.- dijo mientras extendía una mano en mi dirección.
_ El gusto es mío señor. He escuchado muchas cosas sobre usted.- mencioné al tiempo que estrechaba su mano.
_ De seguro todas son exageraciones- respondió sonriendo.
_ ¿Usted me mandó a llamar?
_ Si Ivan, yo te llamé. Verás, tu novia se encuentra en este lugar porque pensamos en un inicio que estábamos lidiando con un criminal más. Pero nos equivocamos. Vanessa está enferma, aunque supongo que tú ya sabes eso.
Asentí.
_ Si.- respondí rápidamente ya que supuse que Renato no habría visto la forma en la que afirmaba con la cabeza.
_ El inconveniente es que no hemos podido hablar con la verdadera Vanessa en todos estos días, sino con alguien llamada Ness… nombre muy peculiar si me lo preguntas. También tuvimos un breve momento en el cual hablamos con otra de sus personalidades, una llamada Vane. Ella es muy agradable, aunque un poco fría.
_ Pero… ¿Por qué estoy aquí entonces?
_ Es porque ninguno de los procedimientos convencionales que hemos utilizado han dado resultado. A la fecha, no hemos podido hablar con Vanessa y es por eso que te necesito Iván, porque sé que tú puedes hacer que ella vuelva. Tú eres el único que puede sacarla de ese sueño en el que sus otras dos personalidades la han sumergido.
_ No sé cómo hacer eso.- susurré.
_ Ya veo, entonces…
_ Pero aunque no sepa cómo hacerlo- le interrumpí- Quiero intentarlo. Lo haré cuando guste. – afirmé mientras me ponía en pie.
Renato sonrió y me tendió su mano nuevamente.
_ ¿Me ayudas?- preguntó en tono divertido.
_ Por supuesto.
Esa noche la pasé en ese edificio. Gracias a Dios me dieron un cuarto cómodo para dormir y una buena cena. Esa fue, desde hace mucho, la primera noche en la que pude dormir pacíficamente, porque estaba seguro que a la mañana siguiente podría ver a Vanessa.
_ No llevas ningún objeto como te dije ¿Verdad?- indagó René mientras me encaminaba por un pasillo.
_ Tranquilízate, tomé todas las precauciones que indicaste.
_ Yo estaré en la habitación al lado de la que tú compartirás con ella. Ten mucho cuidado. Vanessa no estará esposada, por lo que tendrá pleno dominio de sus brazos y piernas. Si por un simple momento sientes que no puedes continuar o que estas en peligro, truena los dedos y te sacaremos de ahí. ¿Entendido?
_ Claro.
_ Aquí es- dijo René.
_ Solo quiero pedirte un favor René.- ella me observó por un momento y suspiró.
_ ¿Qué quieres?
_ Si Vanessa vuelve en sí, te pido que no la lastimes, por favor.
_ De acuerdo.- René introdujo un código en la puerta y esta encendió una luz verde.- Te deseo suerte niño.
_ No creo necesitarla.- dije mientras le hacia un guiño.
Aspiré una, dos y tres veces. Necesitaba despejar mi mente para ese momento. Mi corazón latía a mil kilómetros por hora. Estas semanas que habían pasado, llegaban finalmente a esta conclusión; llegaban a que yo estaría frente a frente con Vanessa.
No… no con Vanessa. Con Ness.
_ Ábrela- le ordené a René.
La puerta dio un pequeño chasquido y se abrió.
Entré sin perder tiempo. La puerta se cerró tras de mí, y ahí estaba yo, de pie ante una habitación completamente blanca, donde una mesa y dos sillas descansaban en su interior.
Pero no solo eso estaba ahí.
Sentada en la esquina más alejada de la habitación, una chica que llevaba una camiseta blanca y unos pantalones de pijama celestes me esperaba.
Su cabello cobrizo estaba suelto en una cascada despeinada. Ahora que en su rostro no descansaban aquellos anteojos, podía observar claramente sus ojos. Estaba sentada en silencio, con las piernas cruzadas y las manos en el regazo…
Esperando por mí.
_ Bienvenido Iván.
Las palabras flotaron a través de la habitación hasta llegar a mis oídos.
Era la voz de ella… de Vanessa. Pero la persona que las decía no era la misma.
La persona que me decía esas palabras, quien me observaba desde aquella esquina, tenía el rostro contorsionado en una repulsiva sonrisa burlona, los ojos abiertos como platos con una mirada demencial y con furia asesina. Era evidente que estaba cansada, se notaba por las grandes ojeras que asomaban en su pálido rostro, pero aun con eso, sus ojos no se apartaban de mí.
Avancé sintiendo todo el peso de esa mirada, tomé la silla que estaba desocupada y me senté frente a ella. Nuestros ojos se encontraron y con voz firme respondí.
_ Hola Ness.
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Ignis (Abigail N.K.)
Teen FictionUna serie de accidentes perturban la paz de una ciudad, siendo el único elemento en común el fuego. De forma involuntaria, un joven llamado Ivan quedará atrapado en medio de estos sucesos, sin tener la menor idea de que las cosas no son tan simples...
