Volaste hasta la que pensabas que era la casa de aquel doctor, habías tardado en encontrar el lugar, por un gran ventanal que dejaba a la vista las hermosas luces que ofrecía New York pudiste ver una sala espaciosa, te intentas afirmar en la ventana para mirar mejor el interior ya que era de noche, pero en lugar de eso traspasaste el vidrio quedando dentro del hogar.
Con extrema cautela empezaste a caminar por la sala encontrando muchos títulos importantes, al abrir un cajón viste un montón de relojes caros- genial, es como Tony -pensaste sarcásticamente, caminaste por un pasillo y viste un par de puertas, a medida que te acercabas escuchas ruidos extraños. Al llegar a la última, en lugar de abrirla pasaste la cabeza, en esos momentos atravesar las cosas era una ventaja, instantáneamente te encontraste con la espalda desnuda del que rogabas que fuera el doctor, pues no querías haberte equivocado de casa, estaba cubierto por una manta desde la cintura moviéndose de arriba abajo, mientras el ambiente estaba inmerso en gemidos y gruñidos, que no eran sólo suyos. Tú cara reflejaba total incomodidad ante encontrarlo de esa forma tan comprometedora, sacaste tu cabeza y saliste de ese pasillo lo más rápido que pudiste.
- agh, acabo de... -negaste con la cabeza para eliminar eso de tu mente- espero que esta sea la ca... -a la distancia viste una foto.
Te acercaste a la vitrina en la que se encontraba y agarraste el marco con la foto, era un reconocimiento, miraste su rostro detalladamente.
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- si es él -dijiste dejando la fotografía en su lugar.
No sabías que hacer, si quedarte o irte, técnicamente no tenías otro lado en el que pudieras dormir y tampoco te sentías cansada, era como si tu energía nunca se agotara. Decidiste salir y andar por la ciudad de New York hasta que te diera sueño o amaneciera, lo que pasara primero. A las 5:49 de la mañana te decidiste en volver al departamento del extraño, traspasaste la puerta y rogaste poder sentarte en el sofá sin atravesarlo, lo cual sucedió. Estuviste ahí pensando, peleando contigo misma, sacando teorías de lo que pudo o podría pasar ahora, hasta que escuchaste ruidos en la habitación, rápidamente te escondiste para que el doctor no te viera y oíste las voces de dos individuos.
- entonces Stephen... -comentó una chica rubia que caminó por el pasillo con sus zapatos en la mano- ¿te llamo después del trabajo para volver a salir?
- verás, tengo mucho trabajo, pero... yo te llamaré -y sin más que decir abrió la puerta para que ella saliera- un taxi te espera afuera, adiós -y sin más que decir cerró la puerta.
- que asno -susurraste mirando la escena desde tu escondite.
Él se dirigió a la cocina para preparar su desayuno antes de ir al hospital, pudiste notar que estaba en boxer y camisa.
- que trasero -te mordiste el labio al verlo caminar- no, no, no. ¿___ qué carajo piensas? -negaste con la cabeza y volaste hasta la cocina, atravesaste la pared para sentarte en la mesada de piernas cruzadas- sabes, eres una maldita escoria -mencionaste sobresaltando al hombre- Lo cual es curioso porque pense que sólo eras un arrogante y egocéntrico tonto