- entonces... ¿A ti te gusta Cecilia? -preguntaste mientras caminabas con Robbie.
- no, bueno... no le digas a nadie
- tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo -le sonreíste con picardía.
- para ser niña eres bastante inteligente -se ríe mirándote mientras se dirigían a la mansión.
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- no soy una niña -dijiste ofendida con su comentario- ¿tienes trabajo que hacer?
- tienes 16 años, aún lo eres. No, tengo que plantar unas flores nuevas de tu madre
- bueno, hoy llega mi hermano... supongo que harán una cena o algo así ¿quieres venir?
- no sé, no creo que una invitación de tu parte le agrade a tu madre
- ¿por qué no? -frunciste el ceño- nosotros sólo somos amigos... -a la distancia viste el automóvil de tu hermano- oh, por dios, ya llegó -sonreíste con emoción- nos vemos después Robbie...
- claro, ve -dijo cambiando su rumbo hacia su casa.
Saliste corriendo hacia la mansión mientras gritas el nombre de tu hermano, entraste a una de las salas abriendo las puertas de par en par y por correr sin prestar atención tropezaste con unas maletas cayendo de cara al suelo.
- deberías tener más cuidado -sentiste una voz grave que era muy agradable- ¿te ayudo? -extendió su mano con una sonrisa ladina.
Tú volteaste rápidamente topándote con una cara increíblemente bella, lo miraste confundida y tomaste su mano con desconfianza.
- estaba distraída, sólo fue eso -lo viste de arriba abajo y él hizo lo mismo contigo.
- que afortunado el hombre que sea dueño de sus pensamientos -su voz era sensual y su mirada atrapante.
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- ¿por qué cree que me caí por pensar en alguien? -frunciste el ceño.
- gritaba un nombre ¿no es así? -te miró con una ceja levantada- Me llamo Paul Marshall... -lo interrumpiste.