19.- Siempre a mi manera

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¿Qué es lo que nos hace realmente humanos?

¿Nuestra fragilidad?, ¿La capacidad de formarnos a nosotros mismos?, O quizás… aquel inexplicable juicio propio sobre cada una de nuestras acciones.

Ciertamente todo lo anterior tiene su respectiva veracidad.

Sin embargo, de todas estas preguntas brindadas a lo largo de los siglos, había otra que me preocupaba mucho más.

¿Carecer de algunas simples definiciones era suficiente para dejar de considerarse “humano”?

– ¡Futarou!, ¡Date prisa!–. Llamó mi madre desde el otro lado del parque.

Así que sin más remedio, cerré mi libro y caminé lo más tranquilamente posible en un intento de posponer el sermón que me esperaba.

– Si sabes que te saqué de casa para que convivieras con los demás chicos, ¿Verdad?–. Interrogó.
– Además, ¿De dónde sacaste ese libro?

– De la biblioteca.

Claro que esa respuesta provocó la cólera de mi madre, la cual no dudo ni un segundo en apretar mi mano con fuerza.

Auch…

– Muy gracioso Futarou–. Me miró por el rabillo del ojo.
– Pero guarda tu sarcasmo para otro día o se nos hará tarde para ir a recoger a Raiha–. Agregó mientras me arrastraba por la avenida principal.

– Falta una hora para eso, no hace falta apresurarnos tanto…

– Tú solo sígueme–. Reafirmó su agarre en mi mano.

Hay muchas cosas que recuerdo de mi madre; sus dos lunares a la altura de la nariz, su sedoso y negruzco cabello, y su particular manera de hablar.

Pero si algo me llamaba la atención de aquella mujer, era sin lugar a dudas su gran capacidad empática.

Desde una pequeña planta, hasta un desconocido a mitad de la calle, ella consideraba que todas las vidas debían respetarse de la misma forma, y le dolía mucho ver el sufrimiento de otro.

Luego me tenías a mí, un mocoso de 8 años que estaba de acuerdo con generalizar el valor de la vida ajena, pero con una visión bastante alejada de los idealismos de mi madre.

Y no, nadie me provocó dolor, ni fui testigo de algo traumatizante durante mi niñez, incluso considero que las cosas hubiesen sido mucho más fáciles de esa manera, pero, simplemente… el mundo no significaba nada para mí.

– ¿A dónde vamos?–. Me animé a preguntar luego de notar que no me estaba llevando por la calle correcta.

Mi madre se detuvo un segundo y volvió su vista hacía mí con una notable sonrisa en su rostro.

– Voy a comprarte ropa nueva.

>>>

– No necesito eso, puedo valerme de las que tengo por lo menos unos meses más.

– No te pregunté tu opinión Futarou, si fuera por tí seguirías usando los mismos pantalones por el resto de tu vida–. Me silenció mientras miraba un par de camisetas.

Y sin dejarme decir otra cosa, me llevó hasta el probador para medirme los conjuntos previamente seleccionados por ella.

– …¿El aniversario de mi nacimiento es la siguiente semana, no?–. Pregunté recargado en el perchero.

– Se le dice “cumpleaños" Futarou, y si lo recuerdas al menos podrías demostrarlo…

– Lo evito precisamente porque sé que intentarán comprarme algo en contra de mi voluntad–. Respondí un poco hastiado de ella.
– Sé razonable, madre, con trabajos llegamos a final de mes sin problemas y tú…

Las 5 Fases De Mi PlanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora