Diez, once, doce.
El conserje estaba caminando, con el chico en mano, el cual seguía forcejeando.
-¡Maldito ciego! ¡Déjame ir ahora mismo!- Gritaba Quince, pero sólo recibía los chasquidos del monstro.
Nueve corría a toda prisa, y con su mano jalaba a veinte con ella, el cual no estaba muy emocionado por ir. Cruzaron por la puerta destrozada, corrieron por el pasillo y comenzaron a bajar las escaleras.
-Debemos darnos prisa antes de que le haga algo- Dijo Nueve. Veinte, al no poder acomodarse bien, tropezó y comenzó a caer uno a uno los escalones, hasta llegar al suelo. Nueve se puso junto a él- Cielos. ¿Estás bien? - El chico sólo se levantó y asintió con la cabeza. Después se tomaron la mano y siguieron corriendo. Veinte se detuvo repentinamente. Antes de que saliera herida, tomó fuertemente a nueve. Por el pasillo comenzó a venir una fila de grandes y feos monstros que iban directo al comedor.
-Demonios- dijo Nueve, empujando a veinte y pegándose ella misma a la pared, donde los monstros no los podían ver. Cuidadosamente comenzaron a arrastrarse, sin soltar su espalda del muro.
La ciega bestia llevó su oficina a su invitado. Allí, quince pudo ver muchos pedazos de tela tirados en el suelo.
-Oh, no-
Nueve y veinte habían encontrado el camino más rápido para salir de esa situación. No había sido fácil esquivar a todos esos monstros, pero lograron salir de ellos. Allí, Veinte tuvo un mal recuerdo, y descubrió lo que más temía. Recordó el lugar donde había sido encerrado. Era oscuro, frío. Estar ahí se sentía como estar en el purgatorio. Lo peor era que al parecer había más de una sala. Más habitaciones con todos esos niños encerrados, con su fecha de muerte escrita en un papel.
-Santo cielo- Dijo Nueve, viendo todas esas jaulas. Se acercó a una de ellas, donde una pequeña niña estaba durmiendo-. Primero rescataremos a quince. Después nos encargaremos de todos ellos- Hasta que escuchó un ruido. Él se estaba acercando. Rápido, Veinte y Nueve se escondieron detrás de una jaula, mientras veían cómo dos largas manos se llevaban a otra caja con otro niño cuyo único rasgo que se le notaba bien, era su camiseta azul.
-Vamos, no lo perdamos- Susurró Nueve. Los dos chicos empezaron a perseguir la jaula para que ésta los guiara hacia la ubicación del conserje. Dando un salto, consiguieron agarrarse de ésta, y, como si de un ascensor se tratase, los comenzó a llevar.
-Suéltate, ahora- Dijo Nueve, cuando los dos chicos se soltaron de la caja y pisaron el suelo. La habitación estaba bien iluminada, lo que era un alivio. Lo que no fue muy agradable fue ver cómo las dos manos abrían la jaula con en la que Nueve y Veinte se habían sujetado, sacaban al chico y lo metía en una especie de capullo de tela, antes de ser llevado por una extraña máquina.
Veinte apuntó al techo, donde estaba otro capullo colgando gracias a una cuerda. Ése definitivamente era Quince, pues él, al no oler como los niños enjaulados, debido a haber sido un fugitivo durante mucho tiempo, el conserje no podía llevarlo a que lo cocinaran. Sin embargo, tampoco lo dejaría ir libremente. Nueve volteó a ver a veinte y, susurrando le dijo:
-Sí, ése debe ser Quince. No deja de moverse. Mira, esto será difícil, pero creo que lo lograremos. El conserje tiene un oído muy agudo, pero si no hacemos ningún ruido, creo que podremos con él-
Veinte asintió. Ambos casi soltaron un grito del susto, pero dieron un suspiro cuando notaron que el que les había tocado los hombros no era otro que Diecinueve.
-¿Qué? ¿Qué haces aquí?-
-No puedo dejar a quince. Él es nuestro amigo. Además, fue el que me salvó del conserje. Quiero devolverle el favor- Le respondió.
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Little Nightmares - Hunger
AventuraEl chico recordaba poco o nada sobre su pasado, pero eso allí no le servía. Las fauces; El lugar de donde nadie volvía, en donde pisar allí era pisar en el mismísimo infierno, donde él viviría sus pequeñas pesadillas. Esta historia tiene varias ref...
