- XXXI -

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Tenía que aguantarse esa comezón que parecía volverla loca, ese cabestrillo le picaba del codo al antebrazo. "Si no lo usa el tiempo debido, la lesión puede agravarse" había dictaminado el médico. Temprano en la mañana había tenido que ir al consultorio del galeno ya que durante la madrugada experimento demasiado dolor en el brazo. De madrugada su mama la oyó quejarse y a pesar de las objeciones que ponía Michelle, su mama decidió enérgicamente que irían al médico a primera hora por la mañana. Por más que la rubia evito visitar nuevamente el lugar al que Remy la había llevado esa tarde, no tuvo éxito. Cuando entraron el medico la reconoció inmediatamente, lo cual despertó sospechas en su mama.

Ella estaba en inteligencia de que el cabestrillo que usaba era consecuencia de una torcedura en la clase de deportes, eso su hija le había dicho. Aquel hombre que la había atendido le conto como había sido la última visita de su hija.

- Por más que el muchacho que la acompañaba la instaba a ir al hospital ella se negó.

La mueca de sorpresa de su madre fue tan inmediata, como la de pena de Michelle al oír ello. En aquella visita Remy explico con lujo de detalle de la razón del brazo lastimado y el medico no dudo en contarlo todo.

Salieron del consultorio con un nuevo cabestrillo, medicinas, un comprobante médico para presentar en la escuela, no asistiría por dos días, y su mama montada en furia.

El sonido de la lluvia al caer al pavimento, las pisadas mojadas de los transeúntes y el pasar de los neumáticos en el asfalto bañado de agua no enmascaraban en nada la voz enojada de su mama mientras se dirigían al auto.

- ¡¿Cómo es posible que me ocultes estas cosas, Michelle?! –su voz sonaba tan molesta como preocupada-

Con los labios apretados mirando al suelo, la rubia caminada sin decir palabra.

- ¡Pensé que este comportamiento se había quedado en Kalispell!

Abrieron las puertas del auto y entraron, Michelle seguía muda, sabía que no era lo correcto pero tampoco era lo peor.

- ¿No me vas a responder? –un poco más suave su madre cuestiono-

Cabizbaja negó lentamente con la cabeza mientras sus cabellos rubios, ahora mojados, tiraban el agua de lluvia sobre su impermeable. Su madre resoplo incrédula por la actitud de su hija.

- Justo por eso no te dije nada. –finalmente rompía el silencio la rubia-

Incorporándose hacia su lado derecho, para poder mirar fijamente a su hija, Alexandra parpadeo como un reflejo para entender lo que su hija decía.

- ¡Simplemente no puedes ocultar eventos como este, hija!

Alzo la mirada para observar las mejillas rojas de su madre por el enfado.

- No quiero que te sobresaltes. –apretó la mano que tenía sobre su pierna para no estallar igual que su madre- ¡Solo no quiero preocuparte y que eso te enferme!

La suave lluvia se había convertido en tupida metralla contra del techo del auto donde se encontraban, a pesar de ese ruido el silencio de ambas pareció prevalecer.

Alexandra suspiro hondo y fuerte como declarando la derrota ante el argumento de su joven hija que aún no la miraba y parecía esforzarse en no hacerlo. Dulcemente estiro su brazo para juntar su mano derecha con la de su hija hecha un puño; al sentir su toque al instante pudo sentir como el rigor de sus nudillos desapareció.

- Que quieras cuidarme es un gesto muy noble. –agradecía con voz serena su madre- Después de todo lo que hemos pasado es inevitable culparte por ello. –Michelle alzo la vista para mirarla- Pero estoy bien. Mi trabajo es cuidarte a ti, yo soy responsable de lo que te suceda y debo de saber cuándo pasen este tipo de cosas.

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