El sonido de los arboles moverse, incluso el del pasto y su rozar con el viento en un lugar muy silencioso, alejado de cualquier sonido que sugiera algo más allá de la naturaleza. Los rayos del sol le tocaban levemente el rostro por las nubes que lo bloqueaban. Debía poder escuchar su respiración, su propio corazón latir. No lo lograba, en su lugar su mente se concentró en el aleteo de un insecto que le rondaba cerca al oído izquierdo.
Siempre su mente se ha ocupado de abstraerse en múltiples ideas, escenarios, juicios, conceptos, deseos, que le ayudaban a estar "lista" para casi cualquier evento. Por ello intentar poner su mente en blanco para poder meditar le estaba resultando imposible.
Ya se lo había dicho Elia: "Bloqueas tu capacidad llenando tu mente de ideas para que no pueda poner atención a los que están más allá; funciona mientras no tengas algún sobresalto, pero no es la mejor forma de controlar tus capacidades especiales."
Comenzó a fruncir el ceño poco a poco, conforme la frustración se apoderaba de ella, la piel de sus manos comenzó a ponerse blanca al tiempo que formaron puños a ambos lados.
- ¡Aaaaahhhhh! –exclamo enfurecida-
Los compañeros que estaban alrededor de ella, a pesar de la distancia, con sorpresa algunos dirigieron sus miradas hacia ella.
Su respiración se había vuelto agitada y de pronto esa furia se volvió vergüenza, había desconcentrado a todos. De prisa y sin decir más, se puso de pie y a pasos alargados se alejó de ellos para encaminarse hacia la alborada que se encontraba en camino al lago.
Con el viento acompañando a la esbelta silueta de Lorgia, perdiéndose de vista a la distancia, con mirada compasiva, Elia la observaba.
De todas las cosas que podrían ofuscar a la mejor alumna de su grado, Lorgia, el no lograr una tarea era la peor. La frustración, la furia y la rabia que se transitaba en todo su ser como veneno contaminando su cuerpo la hacía perder el juicio. Los pasos largos se volvieron más rápidos hasta que se hicieron trote y después carrera, se urgía a sacar de ella a tan ruines sentimientos de si, corrió, corrió hasta que llego a ese claro en la alborada, la misma con las bancas aisladas de todo lo demás, donde se vio por última vez con al que una vez pensó era el más raro de la clase.
Se detuvo de golpe, jadeaba por el esfuerzo; el pecho se le hundía y parecía que saltaría en cada respiración, puso sus manos sobre sus rodillas mientras unas gotas de sudor le recorrían la frente y entonces se irguió de golpe y a todo pulmón grito. Grito una y otra vez, hasta que se le quebró la garganta. El llanto se le vino después de ello, lloraba sin saber por qué y por saber todo lo que había pasado. Sus rodillas se rindieron y cayeron sobre la hojarasca de color amarilla con motes dorados que cubrían la tierra marrón.
Era justo el tipo de escenario que Elia le había pedido evitar.
Aquella noche donde "perdió el control" y la trajeron a ese lugar, pidió, rogo, que todo se detuviera; batallo para evitarlo, intento dar pelea, alejarlo. No mirar lo que no deseaba ver, eso que no debería estar ahí, escuchar la voz que no debía ser más, ver a quien no debía estar ahí.
Esta vez, no lucho.
Permitió que todo la traspasara libremente.
La amargura de la derrota ante Remy, el arrepentimiento de no haberlo notado antes, el amarlo y no ser correspondida por él; la culpa por hacer que su padre se preocupara por ella, el desprecio por fallar, la rabia por no poder tener el control, la tristeza de no tener a su madre, el dolor de descubrir que la necesitaba más de lo que podía aceptar, lo repúgnate que le hacía sentirse el tener un "don" que ella no deseaba.
Sintió que todo ello le tragaba completamente.
No tenía esperanza para sí misma ya estaba cansada de intentar lograr algo que no comprendía y la tenía alejada del mundo que conocía.
ESTÁS LEYENDO
Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
