Un opaco brillo de las estrellas en el firmamento, cubierto por una ligera bruma formada en la madrugada con el cambio de temperatura era visible por la ventana de la sala de emergencias, era el panorama; en silencio, que se rompía cuando de repente el rechinido de una silla se hacía presente, el sonido de una tos ahogada, el murmullo silente de algunas personas en la sala al compartir algo y un juego de luz y sombra de una lámpara titilante en una de las esquinas del lugar. La temperatura bajaba, los calores estivales se habían ido y el frio otoñal se manisfestaba para dar paso los fríos de invierno, justo a las horas anteriores al alba.
Las pálidas luces de color rojo del reloj digital que estaba al frente de la sala de urgencias del hospital marcaban el paso de las dos y cincuenta y nueve minutos a las tres de la mañana, mientras el silencio vuelve a romperse, esta vez por la estridencia del mecanismo de la máquina de bebidas al ser puesta en marcha para surtir una botella de agua, que, al caer al fondo de la máquina, clausura los ruidos que a más de uno en la sala sobresalto. Con la mano segura, Marco tomo la botella y la llevo hasta la banca que antes había ocupado en la sala. Sin decir palabras la extendió a modo de invitación.
- No tengo sed. –con voz ronca respondió-
Mudo, él se sentó a su lado.
Ya habían pasado casi diez horas en esa sala de urgencias y ninguno de los dos había intentado dormir.
- Todo saldrá bien. –con la mayor seguridad posible enunció-
Parecía que era la primera vez que Marco se encontraba en una situación así, afortunadamente no tenía recuerdo de tener a un familiar en un hospital, lo agradeció, sin embargo, estaba ahí por voluntad propia, más allá incluso, parecía una obligación autoimpuesta.
- Tu mama saldrá caminando de aquí, ya verás. –Insistió en su esfuerzo de dar ánimos- Todo saldrá bien. –esta vez lo dijo creyendo en sus palabras-
Nuevas lagrimas surcaron su rostro, sobre el maquillaje corrido que ahora lucia como una sombra mal limpiada, Marco le recogía las lágrimas una vez más con el dedo índice, no podía hacer más.
- No quiero perder a mi mama, ¡no quiero! –con voz entrecortada y en llanto, una Michelle destrozada, llena de congoja, respondió-
La tarde anterior, después de haber abofeteado a Erick por haberla llamado "perra", obligo a la rubia a salir después de la clase como una tempestad a la vista de todos. Una ira le recorría las venas mientras a pasos rápidos partía de la escuela por la explanada principal. Sin mirar sus pasos y menos a quienes se cruzaban en su camino, Michelle, sintió que alguien le tomaba del brazo izquierdo, el bueno, y le recordaba que aún le dolía la palma de la mano por el bofetadon que había propinado menos de una hora atrás. De golpe tuvo que parar y voltear a ver quién la estaba deteniendo.
- ¿A dónde vas Michelle? –era Marco- Hoy tenemos el taller de recuperación. –le recordó mientras la miraba con un gesto de sorpresa-
Sin hacer mucho caso a lo escuchado, Michelle tardo un par de segundos en responder y de mala gana lo hizo.
- ¡Demonios! –se soltó del agarre de Marco- Maldito taller.
Sin mirar al atlético chico, ahora, dirigió sus pasos hacia el edificio del taller, maldiciendo en sus adentros.
"¿Qué le pasa ahora?", dubitativo, Marco, le era imposible entender a la rubia, la miraba irse como si una nube de tormenta le coronara la cabeza y le persiguiera. Por más que había buscado comprender la situación de Michelle, le era un rompecabezas indescifrable. Corrió para alcanzarla y acompañarla hasta el lugar del taller en silencio.
Al pasar de la ultima hora la escuela fue vaciándose de sus alumnos hasta quedar prácticamente desierta, solo sonando los ecos de los entrenamientos deportivos que se llevaban acabo en las canchas de las distintas disciplinas. Así Michelle, Marco y los demas estudiantes salieron, finalmente, del taller y ya con un poco más de calma, la rubia contesto la pregunta de Marco: "¿Que paso?", en un acto de buscar un poco de desahogo, le conto de un modo escueto y simple, con tono aun furibundo el encuentro con Erick. Ambos sentados en las escalinatas de la explanada observando hacia la nada, la rubia termino su relato con un profundo resoplido.
ESTÁS LEYENDO
Promesas Rotas
Teen Fiction¿Que sucede cuando siempre haz creído que ser, como eres y recibir lo que recibes, esta bien? ¿Que tanto te puedes quedar en esa esquina oscura sin esperanza alguna? ¿Hay salvación para algo así? Remy no lo sabe y lo ignora todo. Un giro de tuerca a...
