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"Alejarme siempre fue lo más sencillo.
Tenía miedo. Algunas veces tu mirada era el filo de un cuchillo.
Ni siquiera era consciente de hasta qué nivel podía llegar tu brillo."


(...)


Las clases de piano continuaron por parte de Christopher.

Louis iba avanzando poco a poco, sobre todo porque todavía le costaba identificar qué notas estaban sostenidas y cuáles no. Pero era gracioso, o por lo menos para él.

Estaban Richard, Harry y él en el sofá esa tarde, con una baraja de cartas y un duelo a mitad. Chris y Louis llenaban de melodía la casa entera con sus prácticas y, si era honesto, no sabía dónde estaba Zabdiel. Erick supone que se encontraba arriba, tal vez durmiendo o haciéndole compañía a Joel.

Entrecerró sus ojos y se liberó de un rey de corazones. Harry le regaló una sonrisa pícara y aceptó la carta, haciéndolo bufar a él.

—Como nos gane otra vez me retiro— le comentó Richard con seriedad.

—Estoy dispuesto a dejarlo dormir fuera si eso ocurre— dijo, sonriendo cuando un Harry concentrado en sus cartas sonrió de igual forma, eligiendo cuál soltar.

Harry liberó un siete de espadas, que hizo a Richard fruncir el ceño en su dirección.

—Estamos terminando, rizado. ¿Me puedes explicar por qué tienes un siete a estas alturas?

—Tengo todos los sietes, Rich. Ese no me hace falta.

—Oh, piérdete.

Erick soltó una carcajada ante el comentario de Richard y se acurrucó mejor en su lugar del sofá, con las piernas encogidas y los cojines mullidos por los alrededores. Había uno de color mostaza, otro más grisáceo oscuro y el último de un verde lima. Todos eran de colores sin estampado, ninguno repetido.

Cuando llegó el turno de Erick y soltó otro rey, Harry sonrió victorioso y anunció que había conseguido emparejar todas sus cartas.

Richard le pegó con un cojín y se levantó indignado, dejando a Erick y a Harry riendo en el sofá.

—Me voy a pasear— anunció Richard, señalando las cartas con desprecio—. Ya no quiero jugar más a esa basura.

—Te acompaño— comentó Erick, estirando sus piernas al ponerse recto.

Harry se tumbó en el sofá y abrazó un cojín contra su pecho.

—Yo me quedo.

—¿Seguro?— cuestionó él y Harry asintió. Erick agarró una manta de lana y la echó por encima de su largo cuerpo—. Bueno, si quieres venir llámame. Estaré atento.

Se inclinó y depositó un beso en su sien. Después se alejó como una mamá polluelo y besó también la sien de Chris y de Louis, que detuvieron su clase y le dieron algo de cariño antes de dejarlo marchar.

Richard ya lo esperaba fuera, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el cielo, que ya comenzaba a pintarse con dosis de estrellas. El moreno le regaló una sonrisa y esperó hasta que Erick estuvo a su lado para comenzar a caminar. Él no sabía por dónde irían, así que simplemente lo siguió.

Fueron por el bosque, que para su sorpresa y alivio, contenía un ligero sendero de piedras sueltas y grandes que podías seguir hasta llegar a la playa.

Los alrededores eran frondosos y largos. Él no creyó que la familia de Christopher tuviera eso bajo sus propiedades y no extrajera el elixir divino de esas tierras benditas. El simple respirar ahí, rodeado de tanta vegetación y mar, ya era algo celestial.

Un reflejo del amanecer || Joerick Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora