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MARATÓN 2/3

(...)

"Este imán que siento en el pecho se llama amor, y tiene la costumbre de llevarme siempre hacia ti"

(...)

Alexia era una chica estupenda. De verdad.

Erick pensó que al principio ella se podría sentir algo apartada o incómoda con todos ellos, acostumbrados a ser salvajes y gastarse bromas que algunas veces carecían de gracia desde un punto de vista externo. Se estaban comportando, tanto ellos como Tyler.

Oh, Tyler parecía un bebé brillante todo el tiempo. Se notaba a leguas de distancia la felicidad que recorría los conductos de sus venas. Era imposible de pasar por alto, sobre todo cuando Chris también interactuaba con su hija.

Pero, sin duda, el que más encantado estaba era Zabdiel.

Ese rubio con sonrisas y hoyuelos lustrosos ahora desprendía una luz propia y cegadora. Joel le contó que Zabdiel y Alexia se conocieron hace años y mantuvieron el contacto, pero que hacía demasiado que no se veían.

Erick, sinceramente, no creía que esas miradas fueran de una simple amistad.

Por su parte, acababa de regresar de la playa junto a Joel. Depende del día, dormían en la misma habitación o se despedían hasta unas horas más tarde. Esa vez, en concreto, Erick había tirado de la mano de Joel y lo había encadenado a su cama. Sin mucho más que contar, en realidad.

Bueno, ahora Joel había dejado unas sudaderas en su habitación y Erick había desparramado unas en la de Joel. También habían comprado cepillos de dientes manuales para dejarlos en el baño del otro. Pero no era demasiado. Estaban a diez pasos de distancia, por favor. Que fueran unos malditos vagos no tenía importancia en su relación.

Aunque Erick jamás se había sentido más contento. Él no pensaba engañar a nadie, ni mucho menos engañarse a él mismo al asegurar que sus horas al lado de Joel pasaban como simples escalofríos de besos, caricias y risas. Cada amanecer parecía más especial que el anterior, lo que era maravilloso.

En ese momento estaban durmiendo. Erick soñaba con praderas de girasoles, que lo seguían a él en vez de al sol. Joel estaba a su lado, brillando y acariciando esos pétalos amarillentos que se difuminaban a la distancia.

Y, de pronto, todo en su sueño se tornó un simple recuerdo.

El vibrar de su teléfono sobre la mesita de noche fue lo que le sacó de su dulce fantasía. Erick gruñó y se estiró para encontrar un número desconocido en la pantalla.

Se liberó con cuidado del brazo de Joel- que le rodeaba fielmente la cintura- y se encaminó con prisa al baño. Cerró la puerta ahí, suspiró y aceptó la llamada.

-¿Sí?

-¿Erick Brian Colón?

Erick se apoyó contra la puerta y frunció el ceño. Era la voz de un hombre, grave y adulta. Debería tener alrededor de cincuenta años, más o menos.

-¿Quién es?

-Le llamamos desde la agencia periodística Associated Press. ¿Usted hizo una entrevista con nosotros hace dos semanas?

Y, santo Jesús; Erick pudo convulsionar en ese momento.

Carraspeó su garganta, con un nudo incipiente en su músculo. Vamos, aún estaba medio dormido y su mayor preocupación en ese segundo era haber sido tan rudo al contestar.

Un reflejo del amanecer || Joerick Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora