8-La debo proteger...

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Santiago Molina

No podía creer lo que mi hijo había hecho, llamar a Isabella era mucho, a su vez no podía imaginar lo que por su mente pasó, recorrió toda la ciudad solo para asegurarse que Lucian estaba bien, ella me sigue sorprendiendo, no queda nada de la Isabella con la que crecí, es cierto, tenía una foto de ella en su contacto, aún tenía fotos de su familia con la mía, pese a la pérdida, jamás podría eliminar los momentos vividos, buenos y malos.

—Borra esa foto Santiago —dijo al salir de la habitación.

—Ni en tus sueños enana—respondí, pero ella no respondió, siguió su camino hacia la salida.

Isabella era como una hermanita pequeña para mi, ella era la hermanita de mi mejor amigo, casi siempre fue la única chica a la que mi madre dejaba quedarse en casa, nunca me dejó llevar una novia hasta que fuera oficial, pero con Isabella todo era diferente, ella era una más con nosotros, también le hacíamos la vida imposible, cuando quiso tener un novio, el pobre no resistió que le hiciéramos preguntas, solo se dió a la fuga, el día en que le iban a pedir para ir al baile de graduación, con Isaac ahuyentamos al chico, un típico bad boy, no queríamos que nada le pasara, ella era nuestra princesa, y aunque siempre supimos que ella era extremadamente fuerte y se podía valer por sí misma, en nuestro adn estaba el protegerla.

"Enana" siempre la llamé así, tal vez por su estatura, o simplemente porque a su lado todos éramos gigantes, ella siempre fue nuestro cable a tierra, ella nos alejaba a las chicas, era buena en eso, digamos que esparcía rumores de nosotros, que para ser honestos nunca nos molestaron, era divertido.

—Ella vino porque estaba preocupada— Frida estaba en la puerta mientras yo veía a Lucian dormir y pensaba en Isabella.

—Si, es que Lucian la llamó— negué.

—¿Cómo?— ella estaba igual de confundida que yo con media hroa de diferencia.

—Es que tengo una foto de ella, le dejé...— me interrumpió.

—¿Tenes una foto de la maestra de tu hijo?— enarcó una ceja.

—Si, y la llamó para hablar...— claramente Frida tenía preguntas

—¿Por qué tenes una foto de ella?— cuestionó.

—¿Por qué no tendría?— pregunté —En fin, la llamó y ella se quedó preocupada— Frida estaba frunciendo el ceño, claramente no le gustaba lo que estaba diciendo, pero no le encontraba nada de malo.

—Tal vez porque es la maestra de tu hijo— puso una mano en su cintura.

—Si, es la maestra de mi hijo a quien aprecio mucho—respondí.

—¿Ella y vos?—indagó.

—Es una persona muy importante en mi vida, la conozco desde tiene cuatro años y yo siete, claro que hay un ella y yo, aunque ahora eso ya no exista— frote mi mano en mi cuero cabelludo, estaba frustrado.

—¿Ella es la hermana de tu amigo?— asentí y ella se llevó las manos a su boca con asombro. —Ella ¿lo sabe?— negué.

—No, no tiene idea y en cuanto lo sepa me va a odiar por ocultarle esto, pero tengo que serle fiel a lo que mi amigo me pidió en sus últimos minutos conmigo.

—Si yo fuera ella te odiaría, y jamas te perdonaría Santiago— asentí, yo sabía perfectamente las consecuencias, pero no podía decirlo, no ahora.

—Lo sé, pero no puedo—me moví para salir de la habitación.

—¿Estas seguro que no te va a doler que te desprecie?—negué.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora