3-Es mi hijo

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No podía creerlo, casi a diario veía a Santiago Molina, era el peor castigo del mundo, traía al pequeño Lucian y en alguna ocasión también lo venía a buscar, de lo contrario una niñera lo llevaba hasta su hogar o algo así.

Me era extremadamente difícil trabajar con los padres, Santiago era un padre muy atento, siempre participaba, e internamente yo quería que él fuera el desinteresado, el padre que solo trae a su hijo y no participa en nada que sea extracurricular, pero me había equivocado, Santiago quería a Lucian, bueno, después de todo era su hijo.

—Lucian— llamé al pequeño, que estaba detrás del portón, esperando para ingresar en el colegio.

—¡Mae!— exclamó, desde hace unos tres meses él me llamaba "mae" o también "Isa" no me molestaba que me llamaran por mi nombre, después de todo era el que mis padres habían elegido para mi,

—¡Ven!— hice una seña con mi mano para que el pequeño viniera hacia donde yo estaba.

—Chau pa— dijo en cuanto tomó mi mano, y ahí lo ví a Santiago sonriendo, no podía creer que él estuviera tan feliz, y mi hermano...— borré inmediatamente esos pensamientos de mi mente.

—Hoy voy a ver a mami— dijo Lucian, una oración completa, estaba impactada.

—¿A tu mami?— pregunté, no sabía nada de su madre, pensé que tal vez no tenía.

—Sip— dijo para luego dirigirse al salón con los demás compañeros.

—Isabella— llamó Santiago, voltee a verlo y asentí.

—¿Qué ocurre?— dije desganada.

—Hoy lo va a recoger alguien más— asentí.

—Gracias por avisarme ¿quien es? —pregunté.

—Su madre, acá tienes una copia de su documento— dijo extendiéndome una hoja.

—Gracias—giré, pero él tocó mi hombro, sentí como me quemaba, no podía sentir su toque, pensar que desde niños pasábamos juntos, riendo de un lado a otro.

—¿Qué haces?— pregunté más borde de lo que pensé en mi mente.

—Lo siento— dijo avergonzado — Pero Sara no es la persona más maternal del mundo, si él no quiere irse con ella, por favor llámame— lo miré fijamente y asentí, Lucian no tenía la culpa de mi desprecio hacia su padre.

—Está bien, quédate tranquilo— dije para finalmente irme a la salita con los pequeño.

Cualquier persona podría decir que mis días en un colegio con niños de dos años son aburridos, pero se equivocan, son lo mejor del mundo, los niños estaban haciendo a su mascota con masa para moldear, vi que todos estaban haciendo algo menos Sophie y Lucian, les pregunté él porqué y me contaron que ambos no tenían mascotas, ¿Cómo podía ser eso posible? todos debían tener una mascota, yo aún tenía a Rocco

—Mae— me llamó Lucian.

—¿Si?— pregunté.

— Extraño a papá— susurró casí a punto de llorar, es sumamente entendible que por momentos los niños más pequeños extrañen a sus padres, intenté calmarlo, faltaban unos minutos para la hora de la salida.

—Ahora lo vamos a ver— susurré, él asintió.

Cuando llegó la hora irse, cada niño se fue con su tutor, pero aún quedaban Sophie y Lucian a mi lado, el día estaba lluvioso, los niños habían venido con remeras y short, claramente había refrescado. Me encantan los días de invierno, solía jugar bajo la lluvía con Isaac, lo extrañaba tanto.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora