37- Perdón

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 Un año más tarde...

Santiago

—Mamá quiere helado—. Anunció mi hijo, Lucian ya tenía cuatro años había crecido tanto y me sentía extremadamente orgulloso de la persona en la que se estaba convirtiendo.

—¿Ah si?— enarqué una ceja.

—Si— puso una mano en su cintura en señal de disconformidad. —Dice que quiere de frutilla— dijo antes de darse la vuelta e irse, esto era extraño, ella odiaba con todo su ser el helado de frutilla, no entendía el porque me estaba pidiendo ese sabor ahora, todo era extraño.

Tomé el helado de la heladera y lentamente me fui acercando a ella, quien estaba jugando en la piscina con Lucian.

—¿Estás segura que quieres frutilla?— pregunté y no solo asintió sino que en cuestión de cinco minutos ya se había terminado el helado, esto era extremadamente raro, ella no comía nada derivado de las frutillas, solo la fruta.

—Te lo dije— habló Lucian esperando que le diera la razón.

—Tenías razón—. Respondí y él se alegró, nosotros criamos a un niño que fuera capaz de asumir sus responsabilidades y también reconocer cuando nos equivocamos, ¿cómo lo hacíamos? con el ejemplo.

—Yo vi mal o mi hermana estaba tomando helado de frutilla— susurró Nico, el mellizo que al igual que ella odiaba los derivados de esa fruta.

—No— lo miré. —No viste mal, ella estaba tomando helado de frutilla.

—¿Por qué ustedes no consumen nada que sea de frutilla?— preguntó la novia de Isaac, si mi mejor amigo tenía novia y se la había presentado a la familia desde hace poco tiempo, ella aún intentaba acostumbrarse a nuestro ritmo.

—Es solo que no nos gusta—dijo Norman, mientras se encogía de hombros.

—¿Cómo se fue en el primer año de universidad?— pregunté, el más pequeño de la familia García había ingresado en la universidad, ahora estaba estudiando algo que le gustaba y eso era fundamental.

—Bien, creo que ese año sabático que tomé fue la mejor decisión de mi vida— rió.

—¿Cómo está Erika?— pregunté, sabía que ellos dos continuaban con su relación.

—Bien, más tarde va a venir— respondió antes de irse con Lucian a jugar, Norman era un tío excepcional, siempre cuidaba de mi pequeño, pero no solo eso, le enseñaba valores y eso era más que suficiente.

—¡Tío!— exclamó Lucian al verlo, ellos se amaban aunque nadie lo dijera, yo lo sabía.

—Enano— dijo el menor de los hermanos de Isa, para abrazarlo y dar vueltas con él en sus brazos.

—¿Cómo es posible que todos estemos acá y mamá y papá no?— preguntó Nico y yo negué.

—¿Van a venir todos?— pregunté, no me molestaba tener a la familia en casa, pero era extraño que todos estuvieran, tal vez iba a pasar algo y yo no me estaba enterando—. Dejé de lado ese pensamiento y me enfoque en el asado, cocinar carne no se me daba tan mal.

En este año nos mudamos con Isabella a una casa, queríamos comenzar a vivir juntos oficialmente y los departamentos eran muy pequeños contando con la idea de permanecer, con el paso del tiempo Lucian iba a crecer y el espacio iba a ser más reducido, por lo que buscamos una casa en venta cerca de la casa de sus padres, y lo conseguimos, no fue tan fácil pero nos alegramos con la construcción. Tiene tres dormitorios amplios, dos baños, un hermoso patio frontal y trasero que nos permite desplazarnos con comodidad en los días que buscamos estar al aire libre.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora