27- Acampar

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No había tenido una navidad tan emocionante en años, compartir con mi familia y también con Santiago y Lucian le había dado eso que necesitaba en mi vida. Las clases habían finalizado oficialmente, ya no era la maestra de Lucian y eso no me disgustaba, porque ahora podía compartir más tiempo con él sin que los demás me vieran mal.

Alguien tocó la puerta del departamento, no esperaba a nadie, aunque mis hermanos venían con frecuencia a quedarse, según ellos era su lugar para despejarse, en lo personal creo que le querían dejar más tiempo a nuestros padres en casa y sin hijos.

—¿Quién es?— pregunté mientras intentaba calzarme mis zapatillas.

—¿Yo?— Respondió, pero con un tono de pregunta, yo sabía perfectamente quien estaba del otro lado de la puerta.

—¿Te invité?— cuestioné aún sin abrir la puerta.

—¿Me abres?— preguntó.

—No lo sé, ¿debería?— dije con diversión en mi voz.

—Te traje helado —dijo y automáticamente abrí la puerta, amaba el helado y él lo sabía perfectamente.

—Gracias— tomé la bolsa que traía en sus manos y lo dejé pasar.

—De nada enana— respondió, cerró la puerta y luego se sentó en el sillón.

Él estaba a mi lado, yo estaba tomando mi helado, lo más extraño era que no me sentía incómoda con él allí, era como si todo hubiese vuelto a cuando éramos pequeños. Sentí su mirada puesta en mí, giré mi rostro y ahí estaban esos ojos verdes en los que yo disfrutaba verme, me miraban con un brillo diferente, era como si él pudiera ver a través de mi.

—¿Por qué me ves? —pregunté, él negó y sonrió, él siempre sonreía incluso si yo lo odiaba él sonreía. —¿Por qué siempre sonríes?— cuestioné, me gustaba su sonrisa, pero también me resultaba irritante la idea de no obtener respuestas.

—¿En verdad quieres saber? —preguntó y asentí

Santiago

Ella comenzó a asentir, cada vez que la veía me parecía más linda, mi corazón se acelera, mis manos sudaban, yo sabía a la perfección qué estaba pasando conmigo, ella me gustaba y mis sentimientos por ella cada vez eran más fuertes.

—Me gustas— dije y su rostro comenzó a teñirse de color rojo.

—No digas tonterías— respondió mientras dejaba su helado a un costado.

—No son tonterías, sé muy bien lo que digo y lo que siento—hablé con claridad para que ella lo entendiera, yo no estaba para nada jugando con sus sentimientos, y mucho menos le mentiría sobre lo que yo sentía en ese momento.

—¿Por qué estás en mi casa?— cambió el tema de conversación muy rápido, asentí en señal de rendición, tal vez lo mejor era decirle el motivo por el cual estaba en su casa.

—Estuve hablando con tus hermanos —ella enarcó una ceja —Los tres—declaré y ella asintió con duda— Vamos a ir de camping y pensamos que tal vez podías ir con nosotros —me encogí de hombros.

—¿Con ustedes? —hizo muecas con su rostro.

—Si, de hecho va a ir Erika— intenté persuadir a Isabella, Norman y Erika eran inseparables, y tal vez compartir con otra chica la animaba.

—Gracias por la invitación —asintió —pero no voy a ir Santi—ella había tomado su decisión.

—Te vamos a extrañar— hice mohines.

—No seas exagerado ¿Y Lucian? —preguntó.

—Él se va a quedar con tus padres estos días— comenté y ella abrió los ojos desmesuradamente.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora