32-Te quiero, pero lejos de mi

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Luego de contarle parte de la historia me sentía mejor, pero había algo que aún me seguía preocupando, él estaba en el mismo edificio, y debía buscar la forma de manejarlo sin preocupar a Santiago y mucho menos poner en una posición difícil a Lucian, eso era impensable.

—¿Venís a casa?— preguntó Santiago mientras tomaba su café.

—No, este fin de semana pensé que podía ir a casa de mis padres, vamos a estar todos y va a ser bueno vernos todos.

—Tenés razón— sonrió, él se había quedado en mi casa, ya no era algo secreto, es más tenía un lugar para Lucian.

—Tengo que irme a trabajar— comentó y asentí, su trabajo como bombero era muy estresante, a menudo me preocupaba por él, saber que puede estar en un incendio y todo puede salir mal.

—¿Cómo está Don?—pregunté, no había escuchado de él en un tiempo.

—Bien, nos invitó a cenar— me miró con culpabilidad— me olvidé de decírtelo.

—¿Cuándo?— pregunté, él miró el calendario y sonrió con inocencia.

—En una semana aproximadamente, es su cumpleaños y nos invitó— se encogió de hombros.

—¿Me lo ibas a decir el mismo día?— dije con un tono dramático.

—¿Si?— dijo con una sonrisa en sus labios— te quiero Isa—lo miré.

—Yo también te quiero insoportable—él movió sus manos con indignación.

Cuando se fue quedé en mi apartamento en silencio porque Lucian aún dormía, las vacaciones eran extremadamentes largas, él estaba creciendo muy rápido, era uno más de la familia y amaba la idea de que todos lo trataran como tal, él continuaba llamándome mamá, ¡amaba eso con todo mi ser! porque para él yo era su mamá y para mí él es mi niño.

—Mamá— me llamó el pequeño desde la otra habitación —Mamá— volvió a llamarme.

—¿Qué pasó mi niño?— pregunté en cuanto llegué, él estaba llorando, tal vez una pesadilla. —¿Sueños malos?— pregunté y él asintió, ya en mis brazos dejó de llorar —Mamá está acá con vos— le susurré.

Siempre me pregunté cómo hacen las madres para calmar a los pequeños cuando lloran, una poción mágica o algo similar, porque el efecto era casi instantáneo, pero al tener a Lucian me dí cuenta que no había nada de eso, era el amor incondicional que une ambas partes, me sentía afortunada de vivir eso con mi pequeño. Existía una conexión muy fuerte entre nosotros, él me había nombrado su mamá y yo no podía estar más feliz al formar parte de su vida con un rol tan importante como ese.

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Mientras estaba haciendo el desayuno para Lucian alguien tocó la puerta de mi departamento, pensé que podía ser alguno de mis hermanos, Nico trabajaba cerca así que tenerlo en casa no era algo extraño. Tenía a Lucian en brazos, seguí hasta la puerta y la abrí, no pensé que esa persona podría estar frente a mi.

— ¿Qué haces acá? —pregunté.

—Hola— dijo mirando a Lucian, quien enseguida cambió su rostro a uno muy serio —¿Cómo estás?— dijo mirándome, pero en mi mente no encontraba las palabras para hablar.

—¿Cómo llegaste a mi casa? —pregunté, aún en shock.

—Si, queda un poco apartado del centro de la ciudad— comentó, pero evadió mi pregunta.

—¿Por qué estás acá?— insistí en que él respondiera algo de lo que preguntaba.

—Necesito hablar con vos— se encogió de hombros.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora