19- La verdad está cerca

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Santiago.

La última vez que vi a Isabella, hace tres semanas, yo había sido un patán con Isabella, mi hijo quería estar con ella, tenía muy claro que ellos se querían es decir ¿quien los quería a ambos? seguramente todos, ella era una mujer extraordinaria, con muchas cualidades pero sobre todo muy inteligente, ese era su atractivo. Por otra parte, a mi primo le gustaba Isabella, él no solo había sido su primer beso, sino que ahora era su mejor amigo y se estaba quedando con ella en su departamento. Y para sumarle más a mi desgracia, yo le estaba mintiendo, debía decírselo, tal vez si Enzo estaba con ella en ese momento, todo sería más fácil, no quería que ella recibiera la noticia sola.

—¿Vas a seguir apretando esa hoja?— escuché la voz de Don. Miré mi mano y no me había dado cuenta que en mis manos había una hoja arrugada.

—Yo...— no sabía que decir —No me di cuenta— me encogí de hombros.

—¿En qué piensas hijo?— indagó mi jefe.

—Estoy pensando en decirle todo a Isabella— dije sin rodeos.

—¿Qué?¿Estás seguro de ello?— asentí, aunque tal vez no tenía tanta seguridad y tenía más miedo, pero debía hacerlo.

—Cada día que no se lo digo, es un día más que sentencio su odio hacia mi, ella me gusta y mucho, no puedo seguir ocultando la verdad, sé que no me va a querer ver, pero estoy dispuesto a eso, solo si ella puede volver a ser feliz.

—Estás en lo correcto hijo, pero ¿existe la posibilidad de que te perdone?— preguntó y cerré mis ojos por un momento.

—No, ella no puede perdonarme— estaba frustrado.

—Pero el que guardaras este secreto no es tan grave como la mentira en si —intentó consolarme, pero no había forma de que me sintiera mejor.

—Yo le mentí, y si bien cumplí con mi palabra creo que eso no me hace sentir mejor Don, eso no me hace sentir mejor.

—¿Qué hay de Lucian?— preguntó.

—Él va a ser una de las personas más afectadas y eso me carcome, yo voy a ser el culpable de que mi hijo no la vea— él solo me miró.

—Puede verla, ella no lo va a alejar a él— argumentó y tenía razón.

—Es cierto, pero yo soy su padre, y tal vez el verme es inevitable.

—Vos podés solucionar ese detalle, ahora tómate el día libre y ve a aclarar tus ideas, porque de seguro que sea cual sea tu decisión, debes pensar con claridad— dijo y asentí.

—Gracias Don— Además de mi jefe, él era como un padre para mí, amaba a Lucian y eso era suficiente para mi.

Tomé mi celular y marqué el número, debía hablar con mi madre sobre Lucian.

—¿Cariño?— escuché la voz de mamá, en cuanto atendió mi llamado.

—Hola má, necesito de tu ayuda— pedí

—Claro ¿Está todo bien?— preguntó y no quería preocuparla.

—Si, de hecho me ayudarías levantando a Lucian del colegio, yo paso por él a tu casa— expliqué la idea.

—Claro ¿Está todo bien hijo?— volvió a preguntar, ella me conocía muy bien.

—Sí mamá, todo está en órden, solo que tengo algunas cosas que hacer— me excusé.

—Perfecto, nos vemos entonces— respondió y corté la llamada,

Debía hacer más llamadas, porque esto debía saberse, si ella se enteraba por otra persona iba a ser aún peor, ya no podía seguir ocultándolo.

¿Perdón?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora