2. La fiesta de Halloween.

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Capítulo 2.

"Jesse y Jess ganaran al mejor disfraz esta noche"


Fallon, Nevada...

10:50 pm.

—Okey, escuchen con atención. No se separen de Sam, no hagan nada extraño, no miren mucho a las personas, no hablen con ningún desconocido, y no toquen absolutamente nada de la sección de carnes frescas —Morgan les ordenó a ambos seriamente—. Yo iré a buscar los disfraces y ustedes acompañaran a Sam para que les compre ropa... calzoncillos, y otras cosas.

Esbozó una sonrisa nerviosa.

—Nos vemos en la salida ¿De acuerdo? —dije.

Morgan asintió, giró los talones y se perdió por los pasillos.

Nos encontrábamos en el supermercado del pueblo. La fiesta comenzaba en unas horas, así que teníamos suficiente tiempo para buscar ropa para los chicos y comprarles un disfraz discreto. Todos les lanzaban miradas de asombro, soltaban silbidos y uno que otro se detenía para felicitarlos por su gran disfraz, y ellos solo sonreían como lo habíamos practicado en el viaje en coche.

Incluso una chica se detuvo para preguntarles en donde habían conseguido su disfraz y otra preguntó sobre su excelente maquillaje. Y no solo eran preguntas sobre sus atuendos, también se detenían para pedirles sus números. Tuve que intervenir antes de que Jesse respondiera y soltara todo, porque Jesse era demasiado parlanchín.

Jesse estaba muy emocionado y feliz aceptando los buenos cumplidos de las personas y sonriendo sin parar. Tenía la boca abierta en una o de la impresión, como si no pudiera creer que estos lugares existían. Se les quedaba mirando a las personas como si fueran la cosa más extraña del mundo, y no dejaba de cuestionarse y hacer preguntas sobre cualquier cosa cada cinco minutos.

Sin embargo, Jess, era todo lo contrario. Se mantuvo callado, serio y hermético. Miraba el entorno medio impresionado y fruncía el ceño cada vez que observaba a las personas sujetando los carritos del super caminando de un lado al otro. Llevaba una expresión de desinterés y de cansancio. Tenía los brazos cruzados mostrando esos pectorales magros y su piel pálida lucia luminosa.

Pero habia algo en él que llegaba a molestarme. Me inquietaba que siempre tenia los fijos ojos en mí, como si yo fuera algo difícil de descifrar, y cada vez que hablaba me miraba más de lo normal y su mirada era tan penetrante que me sentía pequeña.

Me dirigí hacia el área de ropa interior para hombres, ya que Jesse y Jess estaban completamente desnudos y lo único que los cubría era la sucia bata blanca ensangrentada que llevaban, y gracias a eso, su piel, y otras partes privadas de su cuerpo, se notaban a través de los orificios que había en ella.

Desde que pusimos el primer pie dentro del supermercado, los dos estaban tan sorprendidos con lo que habia y miraban el supermercado con asombro. Parecían pequeños críos de cinco años emocionados con la grandeza del super. El corazón se me apachurró de la tristeza, pues eso significaba que no habían pisado un supermercado en mucho tiempo o quizás esta era su primera vez.

Al llegar a la sección de ropa, di un gran suspiro y me adentré hacia el largo pasillo. Ellos me siguieron un poco dudosos en entrar o no. Creían que algo malo sucedería.

—De acuerdo, ¿Cuál es su talla? —les pregunté mientras observaba las tallas de los boxers que se encontraban en el largo pasillo de ropa interior masculina.

Ambos se quedaron el silencio por un largo rato.

—¿Talla? —inquirió Jess, con cara de que no tenía ni la menor idea de lo que estaba hablando.

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