Veinticuatro

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Alex está tumbada en el sofá, algún documental está puesto en la televisión, pero no le presta atención, en su lugar deja a su mente divagar sobre los eventos recientes, no debería hacerlo, pensar demasiado siempre apesta y al final acaba con una crisis existencial más grande que al principio. Con un suspiro cambia de posición, una siesta no le vendría mal; su compañera de habitación es una persona demasiado ruidosa como para permitirle dormir normalmente. Comienza a cerrar los ojos cuando llaman a la puerta. ¿Por qué, Dios? Seguramente es Winn queriendo tener una noche de juegos o de películas, de verdad adora a ese pequeño nerd, pero ese viernes en específico no se siente con ánimos. Mientras camina hacia la puerta se prepara para recibir una cara de tristeza máxima por parte de su amigo. En cambio, cuando abre, se topa con tres chicas, quienes definitivamente no deberían estar ahí.

—Debo estar soñando —dice Alex, mirándolas con una mezcla de confusión y enojo. ¿Por qué está su hermana pequeña frente a su puerta cuando debería estar en su habitación compartida en Irlanda? Algo malo debe estar pasando.

—Sorpresa —dice Kara agitando las manos para acompañar su exclamación. Lena a su lado le sonríe. Dios, eso no puede estar pasando. Sam a la derecha de Lena, tiene cara de muerte.

—Kara Danvers, tienes muchas cosas para explicar —amenaza Alex.

—No es sólo su culpa —justifica Lena y luego se calla, porque nunca había visto a Alex en persona y ahora estaba ahí, retando su autoridad como hermana mayor. Se aclara la garganta, —Lena Luthor —dice, ofreciéndole su mano.

—Quien sale con mi hermana —alega Alex, estrechando su mano. —Y quien, supongo, la trajo desde Irlanda —Lena hace una mueca como respuesta.

—Bueno, sí —dice. —Pero todavía no estamos saliendo —Kara le frunce el ceño. —Es verdad —alega mirando a la rubia a su lado. Sam en cambio e ignorando su pequeña discusión, da un paso dentro de la casa Danvers para abrazar a Alex, quien la recibe con aún más confusión.

—Hola, hermana mayor de Kara, quien además es muy guapa —dice.

—Estás ardiendo, ¿te enfermaste? —pregunta.

—Algo así —responde apoyada en su hombro.

—Bien, aún no estamos saliendo —concluye Kara después de su pequeño debate, el cual claramente ganó Lena. —Como no nos invitas a pasar y como esta también es mi casa, nos invito a entrar —alega, cruzando el marco de la puerta y tomando la mano de Lena para guiarla adentro.

—Para resumir la historia en pocas frases: —comienza Kara, ahora están sentadas en el sillón y Alex se pasea frente a la televisión inquietamente, Sam está acurrucada contra Lena, quien intenta no morir de nervios ante la presencia de la hermana mayor de la chica con quien aún no sale. —Sam es de Krypton y en pocas palabras la crearon para destruir el mundo, porque surgió del Fuego de Rao, ahora sus poderes están surgiendo y le suelen dar fiebre o náuseas, no sabemos por qué, creemos que es su cuerpo acostumbrándose, pues no está siendo sustituida por el alien dentro de ella, probablemente sólo estén mezclándose, como sea necesitamos más información sobre Krypton y por qué querían una Asesina de Mundos, por eso vamos a ir a la Fortaleza de la Soledad y Lena dijo que debíamos decirte porque eres mi hermana mayor —explica, intentando sonreír.

—¡¿Ellas saben sobre ti?! Kara, ¿tienes algún sentido de supervivencia? Y además les dijiste sobre la Fortaleza de la Soledad, ¿tienes alguna idea del peligro en el cual estás? No lo creo —exclama Alex, frunciéndole el ceño.

—Alex, Sam es un alien también, no la iba a abandonar simplemente porque eso podría ponerme en riesgo a mí, es mi amiga y confío en ella tanto como para dejarle saber quién soy, lo mismo pasa con Lena —alega. —¿En el avión de quién crees que vinimos? No puedo esconderme por siempre, no, escúchame un momento, lo voy a hacer, voy a vivir una vida de humana y voy a mantener un perfil bajo, pero esta vez es diferente, ellas no me harán nada, ellas guardarán el secreto, confío lo suficiente en ellas para eso y no puedes desecharlo, merece la pena intentar ayudar a Sam, porque, Alex, el internado es un infierno y nunca he estado más triste en mi vida, pero saber que puedo contar con ellas y ser quién soy en su presencia alivia casi en su totalidad mi miedo a las personas, restauran mi confianza en ellas, porque las personas pueden ser buenas, ellas lo son —declara, sosteniéndole la mirada a Alex quien no ha cambiado su expresión ceñuda.

People can be goodHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora