Treinta y tres

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Epílogo.

El verano sucede como un día caluroso y eterno, Kara lo ama. Pasa esos dos meses y medio recuperando su color bronceado usual, el cual Irlanda se había llevado durante su estadía allí. Por las mañanas desayuna una cantidad insana de comida para reponer fuerzas, o eso justifica ante Alex quien la mira con algo parecido al asco o a la preocupación. Luego del desayuno pasa por el trabajo de Winn y pasa ahí toda la mañana, ayudándolo, hablando de mil cosas, porque ella adora hablar y Winn siempre la escucha, aún cuando las mesas están llenas. Después pasa por casa para almorzar (¿por qué no?) con su hermana, a veces también con Kelly, son una pareja adorable. Kelly es increíble, nunca había visto a Alex tan embobada con alguien o algo.

Por las tardes acompaña a Winn en su casa hasta que su madre llega, su amigo nerd ha insistido en enseñarla a jugar videojuegos, pero Kara es pésima, sin importar cuánto lo intente siempre acaba llevando a Luigi a una muerte segura por caída en acantilados. Él es paciente y aún no se rinde en su tarea de entrenamiento, además ama tener la compañía de Kara como en los viejos tiempos, aunque como mejor amigo certificado insistió en saber cada detalle de Lena.

Sam cumple su promesa llegando a mitad del verano con su maleta deportiva y cara de disgusto máxima. Pero en cuanto Kara la recibe le alegra el día. Pasan dos semanas yendo al mar todos los días, ocasionalmente acompañadas por Winn, quien acaba sintiéndose intimidado por estar con cuatro chicas rudas, pues Alex insiste en supervisar sus salidas al mar. Kelly sin poder evitarlo se ve arrastrada en ese plan. Celebran su cumpleaños en Midvale y Eliza prepara su comida favorita como regalo. Sam ama con todo su corazón a esas personas.

—¿Segura que llevas todo? —insiste Alex como por quinceava vez ese día, merodeando en la maleta de Kara, quien suspira exasperada. —¿Barras de proteína? ¿Pasaporte? ¿Dinero? —interroga.

—Sí —responde Kara estirando la I. —Alex cálmate ya hicimos este viaje, ¿recuerdas? Estaré bien.

—¿Quién eres y qué le has hecho a mi hermana con miedo a volar en avión? —interroga.

—Le sigo teniendo miedo en avión, pero míralo así: estaré con Sam y ella es muy buena distrayéndome, una vez más, relájate —dice. —Volveré para Navidad y listo, te compraré otra bola de nieve.

—¡Para Navidad! Entonces ya tendrás diecisiete, mi hermana bebé ya no será más un bebé —se queja dramáticamente. —¡Luego irás a la universidad! Santo cielo, no estoy preparada para todo eso.

—¡Soy yo quien va a la universidad!

—¡Y yo quien te va a ver partir!

—Ni siquiera vives en Midvale.

—Dolerá igual.

—Queridas hermanas Danvers, lamento interrumpir su discusión familiar, pero considero necesario recordarles que esta será la última vez que se vean físicamente hasta Navidad, dejen de pelear y dense uno de esos abrazos de oso suyos —interviene Sam con los ojos a medio abrir y el ceño fruncido, no la dejan tomar su siesta antes del vuelo, inadmisible.

—Odio admitirlo, pero tienes razón —responde Alex, dejando caer los brazos a sus costados, abatida. —Dios, te voy a extrañar realmente mucho, ¿no puede tu novia vampira vivir sin ti? —Kara se ríe para después avanzar y rodear el cuerpo de su hermana en un abrazo estrecho.

—La última vez no estabas tan sentimental.

—La última vez mi prioridad era sacarte del país, si te decía cuánto te iba a extrañar jamás habrías subido a ese avión —alega.

—También te echaré de menos —dice Kara en un suspiro. —Te voy a llamar cada viernes, dile a Kelly que no hay citas esos días porque están reservados para tu querida hermana menor —ordena.

People can be goodHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora