Kara tiene una pesadilla, lo sabe enseguida y aunque lo intenta, no puede despertar. El miedo se ata a su garganta como una cadena, apenas dejándola respirar, siente el resto del cuerpo pesado, como si cargara al mundo en la espalda, le arde el pecho cuando respira y sus piernas hormiguean, entumecidas. Sus reflejos son lentos e inexactos, como si se moviera en cámara lenta. Reconoce dónde está, el escenario de su pesadilla es nada más y nada menos que el verano pasado. Con un último estruendo Kara se despega de su sueño, agitada. Ese recuerdo nunca se le había presentado como una pesadilla; ella lo había empujado tan al fondo de su mente como para asegurarse de no repasarlo ni una vez más.
Las sábanas se escurren por su cintura, destapándola y enfrentándola al frio de la madrugada. Escucha a Sam respirar pesada y tranquilamente en medio de su sueño. Intenta concentrarse, ¿en qué? Cualquier cosa le basta, mientras pueda despejar su mente está bien. Pero no puede, su mente parece incapaz de llevar la cuenta de los libros en su escritorio o de flores en su edredón, ¿eran 15 verdes y 13 amarillas? ¿O al revés? Se rinde ante sus impulsos, dejándose atacar por esos aún intactos momentos en su mente.
Cuando el sol comienza a salir ella apenas está conciliando el sueño de vuelta. A las siete es Sam quien se acerca a su cama y la despierta, eso es decir mucho, porque Kara despierta siempre por su cuenta, siempre tiene energía. Es ella quien despierta a Sam cuando se queda dormida.
—¿Te sientes bien, Danvers? —inquiere, acomodándole un mechón de cabello rubio detrás de la oreja. —No sueles dormir de más, se está haciendo tarde —comenta y Kara no responde sólo cierra los ojos de nuevo, está mentalmente agotada. —¿Kara?
—Estoy cansada.
—Eso puedo verlo, ¿quieres hablar? —pregunta, sigue acariciando su cabello y Kara quiere llorar sólo porque Sam es muy gentil. Niega levemente con la cabeza, haciéndose un ovillo para después esconderse debajo de las cobijas. —Deberíamos hablar —insiste, pero Kara no responde.
—Sólo dame cinco minutos, mi primera clase es Geometría, debo prepararme si no quiero llegar tarde —dice y su voz es amortiguada por la tela.
—Estás haciéndolo de nuevo —señala Sam.
—¿Hacer qué? —devuelve.
—Encerrarte y fingir volver a la normalidad, te das órdenes a ti misma para controlarte —explica y tampoco es como que Kara pueda negarlo. —¿Qué pasó?
—Tuve una pesadilla.
—¿Y no me despertaste?
—Creí que pasaría rápido —alega, —Me equivoqué.
—Danvers, estuviste conmigo en todas mis pesadillas y no fueron pocas, puedes hacer lo mismo, no seas boba —rebate Sam, Kara, una vez más, no responde. Gracias a Rao no debe hacerlo, pues los llamados en la puerta la salvan del sermón.
—¡¿Sam?! Voy a entrar para despegarte de las sábanas —advierte Lena del otro lado, pronto abre la puerta y al entrar se queda pasmada un instante, observando a su amiga sentada a la orilla de la cama y a un bulto con forma de Kara a su lado. —¿Kara? —cuestiona con clara preocupación en la voz, buscando una explicación en los ojos de la castaña.
—Estoy bien —dice enterrada en las cobijas. —A pesar de lo que Sam diga —añade.
—Tuvo una pesadilla y luego no durmió bien —dice Sam.
—¡Pero estoy bien! —alega.
—Tienes cara de zombi —replica Sam. —Te ves como yo cada sábado durante el entrenamiento de la mañana y eso es decir mucho —añade, Kara se asoma por el borde de la tela y sus ojeras alertan a Lena.
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People can be good
Fiksi PenggemarKara Danvers no ha tenido un muy buen verano, en realidad fue un asco. Ni siquiera piensa en él, pero ese incidente la lleva al lugar más inesperado: Irlanda. Específicamente al internado para chicas de Irlanda, donde, además de convivir con lo que...
