Capítulo 24

1.9K 181 97
                                        

CARL GRIMES

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

CARL GRIMES

𓆝 𓆜 𓆞

Abro un poco mi ojo somnoliento y me doy la vuelta para seguir durmiendo al notar que todavía no amanece, pero abro mi ojo rápidamente cuando no veo a Alyssa a mi lado, me levanto de golpe asustado y mi corazón late con fuerza.

Veo alrededor buscándola pero la habitación está completamente vacía, siento como el aire vuelve a mis pulmones al escuchar un tarareo en el baño, pero al mismo tiempo siento una punzada en el pecho al escuchar también hipidos y sollozos bajitos.

Camino hacía la puerta del baño pero dejo mi mano en la manija, apreto mis labios con fuerza y bajo la mirada.

—Lo que no te mata... Te hace desear estar muerto, tengo un hueco en el alma creciendo cada vez más... —Alyssa canta en voz baja y sorbe su nariz— y no puedo soportar otro momento más de este silencio, la soledad me acecha y el peso del mundo está haciéndose más difícil de sostener, viene en olas, cierro mis ojos, aguanto la respiración y dejo que me entierre —Hago un puño mi mano libre al escuchar como su voz se rompe— no está bien, y no estoy bien. No vas a atravesar el lago y llevarme a casa otra vez, ¿Quién me reparará ahora? Sumergirse cuando estoy abajo, sálvame de mi misma, no le dejes hundir —Deja de cantar y lo único que se escucha ahora son sus sollozos y hipidos, como sorbe su nariz y cierro los ojos con fuerza al no soportarlo, algo cae se rompe y es ahí cuando abro la puerta de golpe.

Entreabro mi boca al ver el espejo roto y a Alyssa con la mano sangrando, voltea a verme con los labios apretados y los ojos llenos de lágrimas, corro hacía ella y la abrazo con fuerza.

No me aleja.

—Alyssa... —Murmuro contra su cabello, ella aferra su mano sin heridas a mi remera con fuerza y oculta su cabeza en mi pecho, y llora.

Llora como no se había permitido llorar antes, solloza con fuerza y sienta gritos de dolor.

Pero no es el dolor de su mano.

Su cuerpo tiembla y ambos caemos al suelo, sobo su espalda tratando de calmarla.

¿Está teniendo una crisis? ¿Que se supone que debo de hacer? No se me ocurre nada más que abrazarla con fuerza, mi ojo se llena de lágrimas y lo cierro con fuerza.

Me duele tanto verla así.

Y me duele aún más que yo haya provocado esto.

Pero el villano y el héroe jamás estarán destinados, ella y yo no somos la excepción.

La traición es un arma de doble filo, o traicionas o te traicionan, yo solo supe usar el arma mejor que ella.

Serendipia || TERMINADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora