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El rescate

Reece

Después de habernos reunido a pensar en que haríamos para que el plan no fuera una falla al final todos nos entendimos y acabamos ideando el plan perfecto.

Sabíamos que nuestros padres tendrían a Mar encerrada en el viejo calabozo que jamás usaban. Así que atacaríamos por ahí. Los calabozos eran sencillos. Nada parecidos a los que relatan en las historias antiguas. Eran simples celdas oxidadas. Jamás nadie bajaba allá. Papá siempre las uso para castigarnos de niños.

Cuando hacíamos algo "malo" nos llevaba ahí. Cuando nos convertimos así fue como nos mostró que no podíamos hacer lo que nos plazca. Fuimos ahí varias veces. Yo más que los demás. Papá siempre me regaño por comer demás, cuando me convertí, me llevo más de una vez por asesinar compulsivamente.

Un día me excedí. Maté más de tres civiles por completo capricho. Me llevaron a los calabozos y estuve ahí casi dos semanas. Descubrí que estar solo era aburrido. Pero me sirvió para darme cuenta que mis habilidades eran muy fuertes. Practique mucho el don de la mente y logré perfeccionarlo aún más. Podía escuchar y leer los pensamientos de cualquier persona a tres cuadras de allí.

Un día, mientras jugueteaba con un ciervo muerto que me llevaron de almorzar, descubrí un agujero. Podía ver la luz del sol y eso fue suficiente para saber que por ahí podría escapar. Fui agrandando el agujero, a tal grado que llegó a ser del tamaño de mi mano. Cada día, con un cuchillo que hice a base de acero, lo agrandaba aún más.

Las semanas pasaron y estuve casi más de un mes. Ya iba a cumplir dos meses allí. Y antes de la fecha que papá quería liberarme, logré escapar.

Por suerte jamás encontraron el agujero.

Y hasta el son de hoy sigue allí.

Por ahí entraríamos a buscar a Mar.

—¿Ya estamos llegando? —preguntó Callum siguiéndome, rodé los ojos, había preguntado más de tres veces ya.

—Ya casi.

—Llevas respondiendo eso desde hace casi dos horas.

—Pero esta vez es verdad.

—Espero que no me estes mintiendo porque...

—La puedo oler —hablo por primera vez Owen tomándonos por sorpresa. Me concentre en los pensamientos a mi alrededor, trataba de encontrarla.

Si lo hacía tendría una localización más exacta de ella.

—La encontré.

Corrimos por los túneles como dementes. Arrastramos de todo a nuestro paso. Y para cuando Callum ya había preguntado si estábamos cerca, y Owen había dicho que la olió de nuevo, yo ya estaba frente al agujero.

—Por aquí —murmuré entrando.

—Joder, ¿Cómo carajos hiciste este agujero? —preguntó Callum viéndolo con sorpresa.

—No quieres saber.

Cuando pasamos en lo primero que pensé fue en la fase dos. Después de entrar Owen debía crear una ola de protección que no dejará a los demás detectarnos. Callum debía derretir el acero y sacarla. Así cuando la tuviésemos, saldríamos por los túneles y nadie sabría qué nos la llevamos.

Y lo más importante, nadie saldría herido.

—Owen, la ola de protección.

Un frío aterrador nos arropó y al instante supe que Owen estaba haciendo su parte. Sus ojos rojos brillaban más de lo usual y se veían aún más sangrientos. Callum mantuvo su expresión fría.

Los ojos del demonio | Libro I | ⎷Donde viven las historias. Descúbrelo ahora