EXTRA CALLUM

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Advertencia: El siguiente capítulo extra contiene contenido +18 subido de tono que podría incomodar al lector. Si no es de tu agrado, favor de salir de la historia y buscar una que sea de tu gusto. Respeten los gustos de los demás y dejen al lector disfrutar del extra. Sin más preámbulo, disfruta ;).

Extra: Callum

Mina.

—¿Estas escuchándote? —bufé viéndolo, esos ojos amarillos brillantes viéndome sin expresión.

—Si, lo estoy. Y si digo que lo mejor es irnos, es lo que haremos —gruñó en demanda.

Entrecerré los ojos.

¿Irme de Canadá? Ni loca.

—Las cosas no son así, no eres el jefe de la familia no puedes...

—Te recuerdo que no somos una familia al menos no aún y si, soy el jefe.

—Deja de decir aún, no puedo embarazarme y me estresa el que pienses que si —rodé los ojos.

—¿Sabes que es lo gracioso de que tus ojos sean blancos? —preguntó, burlón acercándose—, Que por más que los ruedes siguen siendo del mismo color. A excepción de esa pequeña y llamativa pupila tuya.

—No cambies el tema —señale—, No me quiero ir. Me costumbre a vivir aquí es...

—Y dale con el tema —suspiró—, ¿Por qué insistes tanto en quedarte aquí?

—Porque este es mi hogar.

El relamió sus labios, y tras soltar un suspiró se acercó a mí viéndome a detalle. Su mano bajando con delicadeza por mi mandíbula.

—Tú hogar no es aquí —ronroneó pasando su nariz por mi cuello, sin poder evitarlo me estiré abriéndole paso para que tuviese más acceso—, Tú hogar es cualquier lado donde nosotros estemos. Donde podamos...

Sentí como su mano bajó por mi abdomen y entonces, se abrió paso por mi entrepierna abriéndome.

—Follarte como te gusta —gruñó separando la tela de mi ropa interior haciendo contacto directo en mi humedad—, Donde tus gritos los provóquenos nosotros.

—Callum...

—¿Sabes lo húmeda que estás? Joder, es tan resbaloso y jodidamente suave.

—Ah, Callum...

—¿Sigues estando en la contraria de irnos? —preguntó sacándome un jadeo.

—S-Sí.

—Joder, eres tan testaruda —murmuró.

Sus dedos seguían moviéndose ahí, con gracia y rapidez. Mi cadera obedeciéndole al toque, moviéndome rítmicamente con el para seguirle el paso.

—Callum, ah —gemí intentando callarme, el se acercó a mi rostro, apegando sus labios a los míos y justo en ese instante, separándose para que un gemido liberador saliese de mis labios.

—¿Cuantas veces te voy a decir que quiero escucharte siempre gemir? —sonó molesto pero sabía que no lo estaba—, Maldita costumbre de esconder tu placer...

—Callum —jadee cuando uno de sus dedos se introdujo en mí—, Por favor...

—¿Qué? ¿Quieres que vaya más rápido?

—Sí.

—Solo tienes que hacerlo... Sabes lo que quiero, tú lo sabes Maryanne, hazlo nena, hazlo...

—¿Qué quieres que haga? —murmuré.

—Ruégame.

—Yo no...

—Entonces creo que tendré que castiga... —comenzó a decir mientras sacaba de manera lenta el dedo de mi interior.

—Por favor, por favor, te lo ruego, hazlo... —rogué sin poder contenerme.

—Siempre tan obediente —gruñó comenzando a mover los dedos de nuevo en mi zona sensible.

—Callum, no.

—Ah, con que es eso... ¿Quieres que te folle?

Moví la cabeza en asentimiento porque no pude hacer más.

—Joder, Maryanne...

Pero entonces se estaba tardando demasiado. Estaba dándose demasiado tiempo y yo no podía esperar un segundo más. Entonces...

—Carajo —gruñó cuando me vio girarnos a ambos de manera rápida y brusca.

Callum quedó debajo de mi, y entonces aproveché su descuido para bajar el pantalón de chándal por sus piernas y desgarrar la tela del bóxer liberando su notable erección. Mis ojos brillaron cuando lo vi y antes de que el pudiera quejarse, me monte sobre el.

—Joder —suspiré tirando mi cabeza para atrás dejándome disfrutar de lo mucho que me llenaba.

—¿Te gusta mandar no? ¿Ah, Mina?

—Ah, Callum... —gemí comenzando a moverme en círculos sobre el.

—Eso, así, muévete nena, hazlo...

Sus manos fueron a parar sobre mis caderas y cuando finalmente tuvimos un ritmo perdí el control. Me moví con rapidez y seguridad. La lentitud había quedado atrás igual que mis ganas de discutir.

El me giro cuando vio que estaba llegando y me dejó debajo de él, aprovechando para ir más rápido y brusco. Embestida tras otra me deje llevar y gemí tan fuerte como pude cuando alcancé el punto máximo.

Sus ojos amarillentos y los míos hicieron contacto y tras un suspiro, pase una mano por su mejilla dándome la tarea de observarlo.

—Perdóname por discutir —pedí viéndolo, el negó aún sobre mi y sin salir de mi interior.

—Perdóname tú a mí por querer sacarte de aquí a la mala.

—¿Eso quiere decir que nos quedaremos?

—No.

—¿Pero no acabas de...?

—Sé lo que dije. Pero necesito que confíes en mí esta vez. Tenemos que hacer todo bien o nos meteremos en muchos problemas.

—Callum...

—¿Confías en mí?

—Siempre.

—Entonces no hay más que decir, nos vamos de Canadá —murmuró enterrando su cabeza en mi cuello, acto que provocó que los vellos de mi nuca se erizara. El lo notó.

—¿Repetimos?

—Joder, sí.

El sonrió malicioso y volvió a atacar mis labios, besándome como solo él sabía hacerlo.

Los ojos del demonio | Libro I | ⎷Donde viven las historias. Descúbrelo ahora