Un cambio de estilo.—¿Era necesario ponerme esto? —bufé viendo mis ojos por el espejo.
Reece me había hecho ponerme unos lentes de contacto que hacían que mis ojos se vieran de un verde aceituna muy bonito.
Pero si que se sentían incómodos.
—¡Joder! Con esos ojos podrías matar a alguien de la calentura —se burló Owen al llegar a nosotros.
—Iremos unas horas, podrás soportarlo —le restó importancia Reece comenzando a caminar directo al centro comercial.
Me habían convencido de ponérmelos porque según ellos alguien podría reconocerme.
Aunque no veo que diferencia hace mi jodido color de ojo en eso.
Sigo siendo yo y viéndome exactamente igual.
Ya habíamos estado en el aparcamiento por al menos como por diez minutos. Cuando baje del auto lo primero que salió de los labios de Reece fue "Luces como una ancianita".
Y eso fue suficiente para que no me interesara cuanto dinero gastarían pero debía cambiar mi estilo.
—¿Alguna tienda por la que quieras empezar? —preguntó Reece cuando estábamos llegando a la entrada.
—Iremos a la de ropa interior primero, su ropa interior de abuelita no ayuda en nada —dijo Owen arrugando la cara en signo de desagrado.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Lee mi mente y lo sabrás, hermanito.
—¡¿Le arrancaste la ropa interior?! —preguntó entre sorprendido y enojado.
—Fue en defensa estética, el vestido no le quedaba bien con la ropa interior puesta.
—¿Tengo cara de que eso me importe?
—Me alegra que me importe muy poco tu opinión.
—Infantil —retó Reece en defensa.
Y justo cuando Owen pensaba responder, decidí entrometerme.
—Dejen de pelear, ya estamos aquí y mientras más rápido terminemos mejor.
—Lo que digas sargento.
Al entrar en la tienda de lencería casi me desmayo del estrés. Solía hacer estas cosas solas pero ahora con ellos aquí era muy incómodo.
Owen se paseaba por las mesas viendo la ropa interior que ponían ahí, una sonrisa maliciosa apareció en su rostro y vi como tomó una canasta y comenzó a poner cosas ahí.
—¿Que talla eres? —preguntó la voz curiosa de Reece detrás de mi.
—Médium —respondí sin mirarle y eso fue suficiente porque para cuando estuve frente a ellos cada uno tenía una canasta repleta de lencería.
¿Ya habían hecho esto antes?
—Esa no la compres —señaló Reece la tanga que Owen tenía en mano, era de un rosa pálido y encaje. Básicamente todo era visible si me ponía eso. Trague en seco.
—¿Por? Le quedaría muy bien.
—Cámbiala de color. Ella parece un papel de lo pálida que es, le quedaría mejor en un tono oscuro —y por alguna razón, Owen le hizo caso reemplazándola por una versión igual pero en negro.
Apreté los labios, ¿Es que estos dos solo se podían poner de acuerdo en este tipo de cosas?
—Listo, vámonos a pagar.
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Los ojos del demonio | Libro I | ⎷
FantasyLa fantasía es eso que todos adoramos. ¿Por qué? Bueno, es sencillo. La fantasía nos permite ver algo más allá de nuestra realidad. Crear eso que nos libera, cualquier cosa, hasta la más simple situación donde distraernos y entretenernos. Maryann...