El secuestro
Maryanne
Llevaba tres días en la biblioteca. Callum no había mentido cuando dijo que no me dejaría salir. Me sentía como una completa prisionera. Reece y Owen no han venido. No he sabido nada de ellos después de la pelea. Callum tampoco se ha aparecido por aquí. Solo Marina a la hora de comer.
El baño de la biblioteca es más pequeño que el de mi habitación. Solo tengo jabón, shampoo y acondicionador. Lo demás se quedó en mi cuarto. Marina había sido piadosa y decidió traerme un cepillo de dientes y pasta dental. Al igual que un cepillo para el cabello.
Pasaba los días leyendo. No tenía más que hacer. A veces hasta olvidaba la noción del tiempo y me perdía en las horas. Marina se encargó de restregarme en la cara que me tenían encerrada como a un perro. Se ha burlado en varias ocasiones y yo me he quedado callada.
Que más da, no podría responderle. Sería ridiculo enemistarme con la única persona que he visto desde hace tres días.
Se suponía que mi transformación fuera ayer. Que los chicos vendrían y nos iríamos a un apartamento que tiene Callum en la costa. Pero nada pasó. Nadie vino, me dejaron aquí sola. Y eso fue lo que más me dolió.
¿Qué habrá pasado con Owen?
¿Estará Reece molesto también?
Estaba volviéndome loca intentando pensar en una manera de irme. Pero no había escapatoria. Estaba cerrada con llave e igual, magia demoníaca.
—¡El desayuno!
Abrí los ojos y parpadeé un par de veces acostumbrándome a la luz del sol. Llevaba al menos dos horas acostada en la cama con los ojos cerrados sin poder dormirme.
—¿Ya es de día?
—No deberías leer hasta tan tarde. Ya ni siquiera sabes las horas que vives —se burló ella dejando la comida frente a mí.
Arrugue el ceño viendo el plato.
Panqueques.
Cuanto los odio.
Apreté la mandíbula y tomé el tenedor en mano con asco. Marina sonrió de lado viéndome, triunfante.
—Sé que los odias, Callum quería desayunar eso así que todos comimos lo mismo.
No respondí y mojé el panqueque en el jarabe de maple. Metí el tenedor a mi boca sin mirarle y mastiqué la masa.
El sabor era diferente. Ya no era el mismo sabor pastoso y suave que antes. Era algo crujiente. Pensé que el jarabe de maple ayudaría a que pudiese comérmelos más rápido pero me equivoqué. Un sabor amargo y metálico me surcó el paladar y fue suficiente para que una náusea me abarcara. Escupí el trozo en el suelo con asco y comencé a toser.
Marina se comenzó a retorcer de risa viéndome.
—¿No te gusta el jarabe de maple mezclado con sangre? Los chicos lo adoran. Supongo que cuando te mueras te agradará aún más.
—¿Q-Que?
—Ah si, olvidaba que aún eres humana. Ups —se burló sonriendo malévola. No respondí y me puse de pie directo al baño.
Aún quería vomitar.
Escuche que ella cerró la puerta y se fue. Yo no dije nada y dejé la bandeja a un lado. Era un asco. Un completo asco. Estaba segura que le había puesto algo más al jarabe. Lo sabía. Eso no era sólo sangre.
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Los ojos del demonio | Libro I | ⎷
FantasíaLa fantasía es eso que todos adoramos. ¿Por qué? Bueno, es sencillo. La fantasía nos permite ver algo más allá de nuestra realidad. Crear eso que nos libera, cualquier cosa, hasta la más simple situación donde distraernos y entretenernos. Maryann...