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Nadie puede saberlo

—¿A que te refieres con eso?

—No tengo porque seguir respondiendo tus preguntas —siseó con amargura.

Y en un parpadeo el ya no estaba. Busque con la mirada cualquier rastro de el por la habitación. Pero no había remedio, no había nada.

—Mierda, me estoy volviendo loca —suspire pasando una mano por mi cabello tratando de procesar lo que había sucedido recién.

—¡Mary la cena está lista! —gritó mamá desde abajo.

No lo dude y baje a comer. Mamá me sonrió al verme, la mesa estaba lista y papá ya estaba en su silla esperando por mi.

—Hola mocosa —saludó viéndome con una sonrisa ladina en los labios.

—Hola, papá.

—¿Tienes hambre?

—Eso ni se pregunta —reí, mamá dejo el plato con macarrones con queso frente a mi. Relamí mis labios tomando la cuchara.

—¿No vas a poner el plato de tu hermano?

La pregunta me dejo pasmada. Había olvidado por completo que tenía que hacerlo.

—Lo olvidó Harriet, es mejor así. Déjala.

—No, no es mejor así —debatió mamá—, Está olvidándose de él y eso no debe ser así. No debe olvidarse de lo qué pasó.

—Mamá yo...

—Cállate, no me interesa escuchar alguna explicación. Pon el plato de tu hermano y cómete tu comida en silencio.

Y así hice.

Mamá tenía sus momentos. Era una mujer que sin lugar a dudas un rato podía ser un ángel mismo. Y en otro momento podría transformarse en satanás en persona.

Deje el plato blanco de porcelana sobre la mesa con suavidad bajo la mirada de ambos. Puse un vaso de cristal también. Volví a mi silla con la respiración algo cortada.

—Provecho —dijo papá dándole inicio a la incómoda cena.

Comencé a comer sin decir nada. Intenté apresurarme lo más que podía, pero era inútil. La mirada de mamá estaba fija en el plato de porcelana que estaba frente a mi.

Y ahí fue cuando mamá explotó y no lo soportó más.

Estalló en llantos y salió corriendo de la mesa dejándonos a mi y a papá solos.

Busqué la mirada de papá pero el ni tan siquiera me miró.

—No tienes que seguir aquí si no quieres, ve a terminar tu cena en tu habitación. Se que mueres por terminar tu libro.

—Si papá.

Y sin más subí a mi habitación con el corazón en la boca.

Tras subir las escaleras y cerrar la puerta de mi habitación dejé mi cena sobre el escritorio. Estaba lista para tirarme en la cama y soltar en llanto.

Los ojos del demonio | Libro I | ⎷Donde viven las historias. Descúbrelo ahora