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Convencer al mayor.

Habíamos regresado a la casa al fin.

Owen bromeando sobre que habíamos cometido incesto y tirando millones de comentarios que lo que me hacían era ruborizarme.

Había decidido que hablaría primero con Reece. Es el más calmado de los tres y probablemente el que menos haga berrinche cuando le cuente lo que tengo en mente. Owen estuvo de acuerdo, porque si no lo hacía yo antes, le leería los pensamientos a Owen y nos mandaría a la mierda.

—Reece —llame tan pronto entre—, ¿Podemos hablar?

—Claro, nena. ¿Qué pasa?

—No aquí. Vamos a mi habitación —una sonrisa pervertida apareció en su rostro pero no dijo nada y fue directo a las escaleras.

Cuando el entro en la habitación le indique que cerrara la puerta tras de el y cuando al fin lo hizo el peso de la situación cayó en mi.

No tenía idea de cómo iba a decirle esto a Reece y eso me ponía de nervios.

—Reece yo... He estado pensando en algo y creo que sería lo más justo para todos.

—¿Sobre qué? —also las cejas.

—Sobre mi transformación —dije a medias. El asintió y se acerco un poco más a mi sin irrumpir en mi espacio personal.

—¿Que pasa con tu transformación? —insistió en que continuará hablando. Trague en seco y tome aire.

Yo puedo decírselo. No es algo tan loco.

¿O si?

—Creo que... L-Lo más conveniente sería que los... —me corte al instante, Reece me veía confundido.

—No sabes cuanto quisiera poder leer tu mente en este instante —soltó aún viéndome—. Dime Mar, sácalo.

—Creo que lo mejor es que los tres lo hagan —solté de una vez, vi como su ceño se arrugó—. Que los tres me conviertan.

Vi como su expresión cambió y de la nada levantó sus cejas sorprendido—: Pero eso es imposible para que algo así pase nosotros... ¡Oh por Satán!

Me mantuve en silencio mientras su mirada se salía de órbita viéndome incrédulo.

—¿Me estás pidiendo que después de que uno de mis hermanos te folle y te muerda luego lo haga yo?

Mierda si lo decía así se escuchaba... jodido.

Muy jodido.

—¿Por qué piensas que es mejor que lo hagamos los tres?

—Por sé que los tres quieren hacerlo.

—Pero eso no es lo que debería pasar. No es lo que sucede normalmente es...

—Reece —lo interrumpí—. ¿Crees que no me doy cuenta de la manera en que me miras cuando estoy cerca de ti? Sé que te gusto. Se qué hay algo más fuerte detrás de eso que una simple tentación.

—Pero no por eso tienes que aceptar que los tres lo hagamos.

—No estoy accediendo porque los tres lo quieran, lo hago porque... —dude por un momento y al final sintiendo mis mejillas sonrojarse termine la oración—. Porque yo también quiero hacerlo así.

—¿Quieres que los tres...? Joder Mar, jamás en mi vida pensé que fueras así de pervertida —bromeó. Pero la tensión entre nosotros ya era palpable. No podía contenerlo. El ambiente había cambiado cuando esas palabras abandonaron mis labios.

—Si, quiero que los tres lo hagan.

—¿Quien quieres que empiece? —note el tono perverso con el que hablaba, la manera cínica en que sonreía acercándose a mi viéndome con lujuria—. ¿Owen, Callum? O... ¿Yo?

Sentí su aliento mentolado chocar con el mío. Su piel caliente, hirviendo chocar con la mía erizándome los vellos de la piel.

—Tú...

—¿Ah yo? —sonaba divertido y a la misma vez entretenido, sonrió tomando mi barbilla entre sus dedos haciéndome verlo a los ojos—. ¿Quieres terminar lo que empezamos en el baño?

Su boca se acercó a la mía pero no se encontraron. Me tenía en ese aire de ansiedad. Necesitaba el contacto. Quería el contacto.

Quería sentirlo.

Tenerlo más cerca.

Quería más.

—Si no hablas no pienso moverme, Mar. Pídeme que te bese, pídeme que te haga sentir más que un simple beso.

Casi no podía respirar. Su mano, la derecha, me sostenía de la barbilla mientras me obligaba a verle. Mientras que la izquierda, bajaba por mi brazo haciéndome dudar de mi control.

—Hazlo Reece —pedí entre jadeos cuando su mano bajo con suavidad por mis caderas deteniéndose en el inicio de mi muslo—. No te detengas.

—Tus deseos son órdenes —ronroneo uniendo finalmente sus labios con los míos.

La química era imparable. Suave, desesperada, ansiosa, electrizante. Me hacía sentir tanto con un solo beso que me volvía loca solo pensarlo.

Un jadeo escapó de mis labios cuando mordió mi labio inferior y tiro de el con algo de fuerza. Fue ahí cuando mis manos pasaron por su cuello y lo apegaron más a mi. Sus manos pararon en mi cintura y para cuando nuestras lenguas se encontraron yo ya estaba perdiendo el control.

Sentí como sus manos me querían tomar de los muslos y ponerme sobre su cintura. Me quería cargar y sabía a donde quería llevar esto.

Pero lo detuve, lo detuve porque no sería hoy. No aún.

—Reece —jadee cuando su mano se abrió pasó por el dobladillo de mi camiseta y subió por mi abdomen—. Guarda lo mejor para el final. No hoy, no será hoy será...

—El día de tu transformación —completo por mí—. Lo sé.

—¡Ah! —solté cuando su mano acarició uno de mis pechos por encima de la tela del brazier—. No creo aguantar mucho.

—No pienso hacerte aguantarlo.

Y sin más siguió besándome. Llevándome a la locura con solo un beso, un roce y un movimiento. No estaba haciendo nada en concreto. No habían partes unidas, no había tacto físico completo. No había nada de eso.

Sin embargo, conocía donde tocar, que hacer para llevarme a más.

Cuando el placer completo me embargo se detuvo con la respiración igual de agitada que la mía. Su frente, pegada a la mía viéndome directamente a los ojos mientras yo, intentaba recomponerme.

—Haremos esto, pero te toca convencer al peor de los tres. Los pensamientos de Owen llegan acá, piensa que estamos follando.

—Creo que podré con Callum —más que una afirmación parecía tratar de convencerme a mi misma.

—Y si no, lo hacemos solo Owen y yo —murmuró con sus labios aún cerca de los míos.

—¿Por qué es tan sencillo compartirme entre ustedes? —pregunte sin pensar, Reece sonrió con cinismo.

—Créeme nena, no es sencillo. Owen ahora mismo quiere arrancarme la cabeza y se está conteniendo.

—¿Por qué?

—Por ti.

Los ojos del demonio | Libro I | ⎷Donde viven las historias. Descúbrelo ahora