6. Roce entre labios

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Suspiré y giré un poco la cabeza.

- Al principio pensé que eras un fantasma o demonio que venía a robar mi alma y luego que eras un asesino en serie que vino a acabar con mi vida de una manera sangrienta y dolorosa -hablé tranquilamente.

- ¿Y por qué no te paraste? -preguntó dejando mi mochila a un lado.

- ¿Sinceramente? -asintió sentándose a lado mío-. En estos momentos no me importa mucho, la verdad.

- No digas eso, Adalid -me incorporé, quedando sentada a su lado-. Sé que hoy es un día difícil, hoy sería su cumpleaños-

- Luego pensé que eras James, pero eras tú -la interrumpí, no quería tener esa conversación y me encogí de hombros.

- ¿Estás menospreciando a la mujer que te mantiene? -por suerte no siguió con el tema.

- Perdón, mamá -reí sutilmente.

Ella suspiró, cruzo las piernas para sentarse mejor y recargó sus codos en ellas.
Llevaba una falda muy larga, ella jamás me lo dijo, pero sé que su plan A era viajar y ser hippie, aunque no viaja, sí que es hippie, una muy rara, porque de pacifista no tenía ni un pelo.

- James quería seguirte, pero le dije que se quedara -comentó mirando el montón de ramas que había roto-. Linda, no puedes simplemente huir de tus problemas, tienes que vencerlos.

- ¿No eran los miedos?

- No me interrumpas -me dió un ligero golpe y luego aclaró su garganta-. Lo que quiero decir es que la manera de solucionar las adversidades es enfrentándolas, ¿Qué ganas huyendo? Nada.

- ¿Y si mi problema es un elefante queriendo comerme? ¿O algo queriendo matarme?

- Adalid -murmuró fastidiada-. No juegues con mi paciencia, pero en esos casos puedes ser valiente y acabar con el problema o correr, esperando no caer.

Lo medité un par de segundos.

- ¿Y si quiere matar a alguien más?

- Eres una preguntona muy exigente -se masajeó su entrecejo-. Puedes huir y dejar a la persona a su suerte, algo muy cobarde a mi parecer, o puedes ayudarle, salvarle la vida y ser alguien valiente. No todos lo son, Adalid, las personas son egoístas, vas a toparte con ellas toda la vida.

Mamá solía hacer ese tipo de cosas, hablar de un tema y luego decirme que la realidad es como es, real, y lo real no siempre es bueno.

- Mami -la llamé estirando mis pies y moviéndolos.

- ¿Qué pasó amor?

- ¿La realidad es tan cruel cómo parece? -pregunté mirándola, apoyando mi cabeza en mis rodillas.

- Mmhm, esa pregunta no la esperaba, pero, bueno, la respuesta es sí, y también no -elevó una ceja y la bajó lentamente-. La realidad es dura, es realista, no un mundo de hadas, con princesas y combatir dragones, por eso es la realidad, es negativa. Aunque parezca lo peor del mundo, hay veces en las que es lo mejor, es positiva, es dulce y te hace sonreír un recuerdo de un viejo amor, o uno nuevo. La realidad puede ser tan horrible y monótona como bella y fantástica. Es la manera en la que la ves lo que decide cómo la vives.

Asentí con la cabeza, no era la respuesta que buscaba, pero no era mala.

- Entonces, ¿lo malo no es completamente malo y lo bueno no es completamente bueno?

Con ella siempre volvería a ser aquella niña pequeña llena de preguntas en busca de una respuesta.

- No todos los buenos son completamente buenos y los malos no son completamente malos, no todo es como parece serlo -tomó mi mano y me miró dulcemente-. Nadie está hecho de una sola cosa, estamos armados por pequeñas experiencias que nos unen y nos hacen especiales, distintos unos de los otros.

Azul TormentaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora