Daniel me obligó a dormir, y digo obligó refiriéndome a que me inyectó un sedante.
Tienen un problema con esos sedantes.
No niego eso, pero están medidos, creo.
¿Crees?
Sí, bueno, no han matado a nadie, que yo sepa.
Mhm, eso sin duda es reconfortante.
¿Qué prefieres? ¿Golpearlos en la cabeza hasta que se desmayen?
Quizá.
Eso es más sanguinario.
Y me sorprende que no lo hayas elegido.
Rodé los ojos y aplasté mi cara contra la almohada. Eran las diez de la mañana, mi mejor amigo, ídolo y gran dios daría su conferencia de prensa en un par de horas. Por suerte no había soñado nada relacionado con él, aunque después de hoy las pesadillas volverían con fuerza, si es que alguna vez se fueron.
Mordí mi lengua y apreté los ojos.
Quizá me vuelva drogadicta, me vuelva adicta a esos sedantes y su efecto de 0 pesadillas. Siestas largas y casi reparadoras, no juzgaba a los drogadictos, me empezaba a volver una, de cierta forma, algo extraña.
Formaría parte de ese grupo de veteranos que tenían que doparse para logar conciliar el sueño.
Mario ya tenía listo el archivo, lo subiría a la red minutos antes de que el presidente subiera a hablar y después lo proyectará en la casa presidencial. En lugar de verse el escudo del país, se vería sangre.
No sabía cómo iban a reaccionar las personas, pero yo iba a lo que iba.
Si me metían presa, me daba igual. Lo peor que me podían hacer era matarme.
- Es lo peor ¿no? -tenía que convencerme de ello. Pensé en James y en lo que le habían hecho.
No sabía con exactitud qué, pero si tuvo que reaccionar así, no creo que solo haya sido por su madre.
A veces, cuando tenía tiempo libre y me mente vagaba, solía pensar en las torturas que podrían hacerme, quizá quemar mi piel hasta que se derrita, clavar agujas en mis ojos o cortarme las extremidades sin dejarme inconsciente. Abrirían mi estómago y sacarían mis intestinos, cortarían mi garganta y echarían sal en la herida.
Tal vez pensaba mucho en las peores probabilidades, tal vez pensaba tanto en eso que ya no tenía imaginación para pensar en cosas buenas.
¿Qué carajo me pasaría con James? ¿A caso él podría recuperarse? ¿O se suicidaría por la locura? ¿Siempre tendría ataques psicóticos? ¿O después sería yo quien los padeciera? ¿Podríamos tener una vida juntos o ya era mucho pedir haberlo encontrado? ¿Por qué pensé que después de casarnos todo sería más fácil? Maldita sea, vivo en un maldito mundo de ficción.
Me levanté de la cama cuando empecé a escuchar ruidos en la cocina, habían murmullos y pasos, me aventuré al lugar en silencio y me sorprendió que todos estuvieran ahí, terminando de servir la comida.
Rambó me miró y sonrió con una dulzura extraña. Parecía un oso gigante tratando de no parecer amenazante.
- Por fin te levantas, comenzaba a pensar que Mr. Limpio te había matado con esa dosis -movió su nariz y rascó su barba.
¡Te lo dije!
Ush.
- No la podía matar, están medidas -Daniel se aclaró la garganta y me dirigió una mueca que tomaré por sonrisa.
Yo te lo dije.
Ush.
Mario llegó con una bandeja de hamburguesas y Osiris lo seguía con tazones de ingredientes.
Lechuga, jitomate, cebolla agridulce, aceitunas, tocino, pepinillos, catsup, mostaza, BBQ y guacamole.
Lukas se comía las papas a la francesa detrás de ellos, Sebastián y Mika llevaban un par de botellas de refresco a la mesa.
Fruncí el ceño. Nunca son tan considerados. Algo malo había pasado. Inmediatamente pensé en James. Estaba en el fondo del mar con personas desconocidas, y yo dormía placidamente. Maldita egoísta. Algo en mí estómago se removió, me dieron náuseas de solo pensar que tendría que estarle pasando en ese momento.
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Azul Tormenta
Ficción históricaMuerte en la Guerra. A lo largo de 60 años, una isla ha surgido al sur del océano pacífico, provocando la guerra entre países, peleando por un territorio del tamaño de Europa. De insultos, hasta virus mortales, son algunas de las maneras en las que...
