18. Vainilla y Caramelo

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POV. James.

Era nuevamente, la una de la madrugada

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Era nuevamente, la una de la madrugada.

¿Por qué no podía dormir en paz? Ya estaba bien, estoy a salvo, ¿No?

Mi papá no vivía aquí, él no podría venir a despertarme, no vendría a golpearme o a insultarme, ya estaba bien, pero ¿Por qué no me sentía así? Seguía estando en la misma posición en la que me dormí, mirando su escritorio, arriba de él, había unos pósters del sistema solar, un mapa mundial, portadas de álbumes, pequeñas fotografías, pero había unas luces con lunas y estrellas doradas que adornaban una esquina, en dónde estaba los dos primeros pósters.

El papel tapiz que adornaba su cuarto estaba cubierto casi por completo, si lo mirabas bien, parecía ser blanco, obviamente ahora manchado, pero el punto era que tenía manchas, pero en realidad a la vista minuciosa se apreciaban flores, o al menos salían serlo.

Sonreí, no podía imaginar a Adalid eligiendo ese tapiz, o viéndolo al llegar aquí.

El techo, el cuál brillaba cómo si tuviese brillantina, además de que tenía unos círculos y estrellas pequeñas que respoandecían.
En una parte del techo estaba pegada la tabla periódica y aún así no se sabía ni los primeros 10, en su defensa, ma tabla periódica fue hecha para no tener que aprenderte los elementos.

Volteé y la observé dormir, aún tenía fruncido el ceño ¡y estaba dormida! Estar enojada era parte de su cara. Creo que tenía algo de baba en la orilla de su boca.

Diablos, su cara era para tomarle una foto y enmarcarla.
¿Qué estaría soñando?

Dejé de apreciarla cuando me di cuenta que parecía un acosador.

Volví a mirar la tabla periódica, solo me aprendí los primeros 83. No era tan difícil, solo memorizas de 2 en 2, y repites, solo eso.

Bueno, James, ya duérmete, mañana, bueno realmente es al rato, aas a trabajar, ahora duérmete.

Que grandiosa discusión conmigo mismo.

Me concentré en la oscuridad que había cuando cerraba los ojos, en el silencio que había, en la respiración de Adalid y en lo que haría en el futuro.

Me concentré en la oscuridad que había cuando cerraba los ojos, en el silencio que había, en la respiración de Adalid y en lo que haría en el futuro

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