James apenas bajó el arma, las gotas de lluvia eran proyectiles que caían sobre nosotros, impactando mi pecho, pasando por el y agitando a mi corazón. Por la máscara no lo sentía tanto en el rostro, sin embargo, él apenas tenía los ojos abiertos, sus pestañas pesadas por la lluvia cegaban su vista, sus labios temblaban, aunque no sabía si era por el frío o algo más. Quizás no lo sentía físicamente, pero en mi interior todo había perdido el control. Respiré e inhalé profundamente un par de veces.
Bajé mi arma y la enfundé. Me alejé del árbol, olvidando el agudo dolor del roce de la bala, él no tenía muy buena puntería.
Sentí como me tomó por los hombros con fuerza. No lo vi acercarse, solo lo sentí.
— ¿Eres real? ¿Eres tú? ¿Adalid? —sus ojos buscaban mi rostro aun cubierto, sentía su paranoia atraves del traje. Me quité la máscara, quedando sobre mi cabeza.
— James... —me atrajo a él, escondió su rostro entre mi hombro y mi cuello, me apretó entre sus brazos. Tardó en decir mi nombre, cómo si al soltar cada sílaba de el, mi cuerpo se esfumara de su abrazo. Respondí atontada a su tacto, había crecido bastante, antes estábamos de la altura, sin embargo, ahora me ganaba por unos 15 centímetros.
Coloqué mis manos temblorosas en su cuello, estaba jorobado para poder abrazarme como lo hacía. Al mirarlo después de años, sentí un mar de emociones golpearme, el azul tormenta de sus ojos me embatieron, dándole honor a su color, cómo si una violenta tormenta hubiera atacado mi corazón.
— ¿Hada? —me llamó, o eso creo, en realidad, no estoy segura de nada ahora mismo. Me alejé de él, mi cuerpo vaciló, no quería alejarme, pero recordé el pasado, recordé como se sacrificó. Y le dí una cachetada. El impacto sonó exagerado combinado con lo húmedo de su mejilla.
— ¡¿Cómo pudiste?! —no era necesario mirarlo para saber lo confundido que estaba—. No tienes idea de cuento pensé en ti, en la idea de tu cadáver pudriéndose en algún lugar.
Lo atraje a mí y lo abracé, lo abracé como lo había estado soñando durante mis noches de insomnio y los días nublados. En realidad eran todos los días y todas las noches en las que imaginé como sería nuestro reencuentro.
Muchas veces lo imaginé en otra vida, en el último día, o en el día más triste de todos, ahí estaba James, para iluminar mi oscuridad.
Para devolverle luz al día con las nubes más esponjosas y más hermosas que jamás podría imaginar.
— Yo también te extrañé, hada, te extrañé cada segundo que pasó, te juro que no te olvidé, siempre estuviste conmigo —me abrazo con la misma intensidad con la que yo lo hacía.
Al separarnos y mirar nuevamente sus ojos, noté que aquel adolescente flacucho, pálido y ojeroso del que me había enamorado ya no era nada de eso, ahora era un hombre, con masa muscular ganada.
Sorprendente parecía desnutrido de lejos, pero al tocarlo, no era nada de eso.
Se puso mamadisimo.
Sí, exacto.
Su mandíbula se le marcaba más, su cabello ya no era tan largo y pequeños vellos se hacían presente como barba. Su pálida piel parecía ser de las pocas cosas que seguían intactas, sin embargo aquellas manchas de azul y verde se veían igual. Y sé que si me hubiera tomado el tiempo de memorizarlas, podría notar que estaban exactamente igual. Nos dejamos de abrazar por completo, y aún así seguimos mirándonos con detalle.
Seguía en shock, había estado segura que cuando lo volviera a ver tendría valor y le diría tantas cosas. Pensé mucho, pero no hice nada.
— ¡Niña! ¡Apúrate! —la entrecortada voz de Daniel interrumpió la burbuja en la que me había encerrado. Miré el rastreador, por suerte estaba más cerca.
No había notado que James no sangraba, en realidad, solo tenía las manos manchadas.
Fruncí el ceño, también tenía un arma, y por como una vestido, no parecía poder portarlas.
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Azul Tormenta
Historical FictionMuerte en la Guerra. A lo largo de 60 años, una isla ha surgido al sur del océano pacífico, provocando la guerra entre países, peleando por un territorio del tamaño de Europa. De insultos, hasta virus mortales, son algunas de las maneras en las que...
