7. ¿Está pasando de verdad?

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James me miró alterado, quizás, buscando en mis ojos consuelo o alguna señal de tranquilizarlo, en ese caso esperaba mucho de mí, porque estaba a punto de estallar.

La adrenalina comenzaba a salirse de mi cuerpo, entraría en pánico o algo peor.

Creo que se me bajó el azúcar.

— Carajo, no me veas así, no se ni una mierda sobre esto, los simulacros sirvieron para una mierda —comencé a moverme de un lado a otro, como si eso me ayudara—. Mamá... ¡James! —lo tomé por los hombros—. Ve y empaca algo de ropa para los dos en unas mochilas que están en el armario de la habitación de mamá, yo la llamaré y después te ayudaré.

Él asintió y subió corriendo.
Tomé mi celular temblando.
Primer tono, segundo tono y no fue hasta el tercero en el que respondió.

— ¡Mamá!

— ¿Viste las noticias?

— Sí, ¿Dónde estás?

— Voy en camino, el tráfico está horrible, tranquila, empaca lo necesario y dinero, no podremos llegar a tiempo, nos vemos en el pueblo de tus abuelos.

— Mamá...

— ¿Qué pasó linda?

Aunque sus palabras parecían calmadas, en su voz se notaba que estaba temblando.

— Te amo.

Sentí como sonreía, aunque no la viese, lo sabía, carajjo, cuanto deseaba ver su sonrisa y saber que estaa bien.

— Yo mucho más, cuídate, ¿Si?

— Sí mami, te veré allá.

Sentía como cada parte de mi temblaba y anhelaba que aquella afirmación se convirtiera en realidad, porque si estabámos bajo ataque, significaría muerte.

— Trae la foto que está en mi buró, solo la foto Adalid, te amo mucho, ya no tengo mucho batería, te llamaré en unas horas, te amo.

— Okey mami, cuídate, te amo.

— Te amo, Adalid.

Me colgó, sentí como me arrancaban un pedazo de mi ser, algo estaba mal.
Tomé una hielera y metí algunos Toppers y más.
Subí las escaleras y ví como James estaba entrando en pánico.

Me acerqué a él y le dí una cachetada.
Siempre quise hacer eso.

— Concéntrate, tenemos que movernos rápido, ponte un pantalón cómodo y caliente, al igual que una playera y sudadera, ¿Si?

Él asintió frotándose la mejilla.

Tomé una de las mochilas y metí unas cuentas prendas, tenemos ropa en la casa de los abuelos, así que mis hermanos estarán bien, aún así tomé el peluche favorito de cada uno.

Fuí al cuarto de mamá y tomé la foto que me indicó.

Aplasté todo en la mochila y volví a mi habitación, tomé un pantalón medio holgado, una camisa con mangas hasta los codos y mi sudadera favorita.

Me cambié rápidamente en el baño y al salir me encontré con James esperándome.

— Necesitamos armas —habló decidido.

— Sí, solo tengo un bat, aunque le podemos poner púas.

Me miró serio.

— Bien, aún así toma el bate, creo que tenemos la vieja arma, de papá.

Evité su mirada y entré nuevamente en el cuarto de mi madre, tomé la vieja caja de papá, con CD'S, pósters viejos y su arma.

Tomé la caja entera, no la podía dejar.

Azul TormentaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora