17. Sus ojos, nebulosa solar

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POV. James

- Sabía que dirías que no, pero una parte de mi esperaba que dijeras que sí -y en serio esperaba que dijera que sí, pero no soy tan egoísta para obligarla, me duele, pero, aceptaría y respetaba su decisión

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- Sabía que dirías que no, pero una parte de mi esperaba que dijeras que sí -y en serio esperaba que dijera que sí, pero no soy tan egoísta para obligarla, me duele, pero, aceptaría y respetaba su decisión.

Alejé mis manos un poco, pensé que las soltaría y no diría nada, pero no, las tomó más fuerte acercándolas a ella.

- Si nos vamos, ¿A dónde iríamos? ¿Qué haríamos? -preguntó mirándome, pasando su mirada por todo mi rostro, buscando una respuesta.

- A dónde sea, estaría bien, yo estaría bien, porque estaría contigo -respondí sincero, aunque en sus ojos seguía viendo la duda, ¿Tan difícil de creer era que quería estar con ella?
Aunque claro, de amor no se vive.

- James, no quiero que vayas a la guerra -siguió, mirando el bosque.

- Yo tampoco quiero ir -creo que eso ya estaba claro.

- Pero no puedo dejar a mi mamá sola, no puedo dejar que ella se haga cargo de todo y todos, no puedo hacerle eso -había algo más en su lamento.
¿Me estaba perdiendo de algo?

Soltó mis manos con lentitud, y se encorvó, como si tuviera frío después de soltarme y miró la ciudad.

- ¿Recuerdas que mi papá se fue por su trabajo? -su voz se quebró al nombrarlo.
Supe de ello por su madre.

Se veía muy pequeña al hablar sobre él, se veía triste y que Adalid se muestre así es muy, muy poco común.

- Sí -respondí dudoso.

- Bueno, no quería decírtelo, aún no puedo afrontarlo, es irreal, se siente irreal, como un sueño, una pesadilla, sigo sin creerlo, pero, él, él tuvo que ir a la guerra, es, era militar, me dijo que era su deber, él -suspiró con pesadez- Él se fue, se fue a la guerra, solía mandarnos cartas, quizás sea estúpido, pero eso me daba esperanza. Hace unas semanas llegó una con un sello en especial -apretó sus ojos e inclinó la cabeza, mirando la ciudad-. Era una carta de defunción, él murió, solo una maldita carta, dándonos su más sentido pésame, seguramente ni lo conocían, él murió, papá murió, mi papá.

Quizás fue la última oración, diciendo en voz alta la verdad que la obligaba a no poder conciliar el sueño, o fue el sentimiento de vulnerabilidad, pero lo siguiente que vi, fue algo que no creí ver más de una vez en mi vida.

Montones de lágrimas salían de sus ojos cafés y su respiración se entrecortó, lloraba sin control, soltando lágrimas una tras otra y otra, quedando sin aire en momentos por llorar.

Carajo James, levantate y ayudála.
Me paré y fui a sentarme a su lado, la gire con delicadeza, no quería lastimarla, ella puso sus piernas encima de las mías, y me abrazó.

La abracé con suavidad, ella apoyó su cabeza en mi hombro, y lloró con fuerza.
Me abrazó, aferrándose a mí.

Sus lágrimas fueron absorbidas por mi ropa, poco me importó, sentí ganas de llorar al verla así, me dolía verla llorar.

Azul TormentaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora