—¿Cómo permitiste que las cosas llegaran a este punto? —Preguntó mi superior caminando de un lado a otro con evidente inquietud. —Te di una orden, no, te di LA ORDEN. —Suspiró cruzándose de brazos. —Te creí capaz de tal responsabilidad y ¿Me estás diciendo que la grigori reencarnó otra vez?
Bajé la cabeza con verguenza. Debía tragarme mi orgullo, debía dejar que las cosas se dieran de tal manera, debía aceptar mi regaño y mi castigo por no cumplir con las órdenes que me habían encomendado.
Un ser descalzo y vestido totalmente de blanco estaba en frente de mí, visiblemente humano ocultando su forma original bajo piel y huesos. Enfatizaba que, no importa cual fuese tu bando siempre había solo dos lados, el bueno y el malo, ese ser superior solo estaba para ordenar y planear, no tenía poderes superiores a los míos, solo era una deidad.
El mundo celestial era más un orden perfecto que un paraíso para los que no éramos humanos, habían leyes, formas, normas y una doctrina a la cual servir como ángeles y eso realmente no sabíamos si era bueno o malo.
En varias ocasiones muchos de los míos fueron exiliados en la tierra, a excepción de otros, que fueron condenados a vivir en el infierno por el resto de la eternidad. No es de extrañar que algunos deserten o se cansen de tener que cumplir órdenes que son ajenas a nuestros beneficios, así que no puedo decir que ser un ángel a fin de cuentas, sea un privilegio para mí.
Tras la caída de muchos me tocó ser el protector de todo lo que es divino y sagrado en el universo, mantener el equilibrio y el orden también, pero sobre todo, soy quien destruye todo aquello que amenace a la humanidad y a los míos.
—Es más difícil de lo que cree... —Intenté decir refiriéndome al hecho de encontrar y acercarme a Mila. —No es solo Malec, no sé como pero son tres de los hermanos quienes la cuidan. —Me defiendo. Realmente no sé cómo es que desde las sombras otros dos jinetes están cuidando a Mila, uno de ellos es un cazador de Nephilim y Neófitos, no tiene lógica.
—Lo único complicado es tragarme el hecho de que el mejor de mis arcángeles no es capaz de controlar a una simple humana. —Protestó quejumbroso.
¿Humana?
Yo era el único que al parecer estaba totalmente claro de lo que Mila era, y humana no era específicamente el termino correcto para definirla. Mi trabajo hasta ahora había sido totalmente difícil porque Mila es una sola pero las almas que ha consumido con muchas y sus actitudes suelen ser variantes pese a que no conoce lo que es.
—Mi problema no es ella... —Quise defenderme.
Se detuvo de frente a mí con la mandíbula presionada. —¿Tu problema es Malec? —Su tono era evidentemente feroz. —Quiero a Mila de nuestro lado, no quiero guerra, el control siempre lo hemos tenido nosotros y así debe permanecer.
Como todo en la vida hay un bien y un mal, por supuesto que alguien como Mila tenía dos protectores. Malec tenía más ventaja sobre ella puesto que nacieron de una misma oscuridad, y yo solo fui encomendado para protegerla porque si, en parte Mila tenía descendencia angelical y eso era algo inevitable.
Sin embargo, algunos pudieran catalogarla de anticristo, de nephilim o de estigmata, pero Mila no estaba hecha para ser una cosa o la otra, el gran problema era que no pertenecía a ninguno de los mundos y a la vez a ambos, era específicamente algo que ninguno de los dos bandos había podido descifrar. Siempre se resolvía todo matando aquello que no tuviera lugar en el cielo, la tierra o el infierno, pero esta vez matarla no era una opción.
Mientras más reencarna, más poder obtiene.
La creación de Mila se creía imposible, había lidiado con santos, demonios, ángeles caídos y seres nacidos bajo el pecado divino, pero nunca alguien como ella. Porque si, ella puede ser mitad demonio y mitad ángel, el gran problema eran las almas que habían hecho la suya más poderosa con el pasar de los tiempos.
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Neophyte
FantastiqueCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
