Abro los ojos y sonrío automáticamente al recordar lo último que viví. Llevo mis manos a la cara cubriendo la vergüenza y el sonrojo que evidentemente estoy experimentando por un sueño que se sintió más real de lo que esperaba.
No puedo describir las sensaciones y la manera en la que mi cuerpo se encuentra en este momento, y aunque como cualquier sueño empiezo a olvidarlo, la felicidad y el resto de lujuria que queda en mí no pretenden abandonarme.
—Malec. —Lo llamo girándome en la cama, pero solo consigo un vacío entre las sábanas y a un Ivón sentado en la ventana mirándome fijamente con el semblante serio.
—¿Estás feliz? —Pregunta de mala gana y logro ver que tiene la pequeña daga en una mano y una manzana verde en la otra. Mientras espera mi respuesta lo veo picar la manzana con total delicadeza y llevarse un trozo a la boca sin dejar de mirarme. —Pareces feliz. —Suelta.
—¿Dónde está Malec? —Pregunto sin pensar.
Ivón pone los ojos en blanco y escupe la manzana fuera de la ventana. —¿Para qué quieres saber? ¿Quieres que vuelva a convertirse en incubo y abuse de ti? —Definitivamente el tono en el que me habla no me agrada, no es el mismo Ivón de ayer.
—Nadie ha abusado de mí. —Me defiendo. —No he hecho nada sin ser consciente.
—Tuviste relaciones sexuales con un demonio siendo neófita. Eso es abuso, Mila, TÚ eres un ser mucho más poderoso que él en todos los sentidos, pero no mentalmente. —Dice. —Despertar la lujuria en un neófito es un delito en nuestros mundos, por eso tu maldito demonio no está.
Quedo estática intentando entender lo más rápido posible lo que Ivón dice y ahora entiendo su molestia. Recuerdo las palabras de Malec en aquella vieja casa "Porque tú eres lujuria" lo que me hace pensar que entonces la vez que dijo que no había parte de mi cuerpo que no hubiera visto o tocado... ¿Mintió?
—No puedo creer que te dejaras seducir por ese imbécil. —Murmura con fuerza tirando la daga en el suelo. El sonido me ensordece, tanto que debo cubrir mis oídos para no gritar ante el efecto insonoro que me produce una vez que llega a su climax.
—Pero ¿y a ti que te importa? —Le pregunto en voz alta al estar aún afectada por el sonido de la daga cayendo.
—¡Me importa, maldita seas! —Grita eufórico en frente de mí. Es notable la molestia en su rostro, tanto que incluso las venas en su cuello y frente se marcan. Está enrojecido, parece que quisiera matarme.
Imaginar a un ángel maldecir no es exactamente posible, pero aquí estoy, en frente de uno que evoca el cólera dentro de sí maldiciendo con todas sus fuerzas y más aún, maldiciéndome a mí.
Respira profundo y se pasa la mano por el cabello, luego por su casa para sostener su barbilla mirando al suelo. Parece pensativo, pero siento y podría jurar que está tratando de no perder la cordura conmigo.
—No hablaré contigo acerca de las estupideces que cometes por influencia de otros, ya tengo varias vidas mirándote cometer una tras otra, solo que anoche te superaste. —Sus ojos se tornan oscuros mientras habla y no puedo evitar aferrarme a la cama. —Solo espero que no termines con una criatura en tu vientre, porque no voy a pasar por toda esta mierda de nuevo. —Suelta antes de salir de la pequeña habitación.
***
Aren
Imagino cuán difícil debe ser para los humanos entender y adentrarse en el mundo materia, porque aunque es el mundo más real y cercano al "más allá" es muy poco conocido o tratado con una fantasía impuesta para intimidarse unos a otros.
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Neophyte
FantastiqueCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
