Creer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle.
Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
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Los siguientes dos días mi mente ya tenía suficiente información para procesar y digerir; mi miedo por Malec básicamente había desaparecido, sin embargo, él no paraba de decir que necesitábamos crear un plan para poder cumplir con la profecía humana que yo estaba rompiendo, supuestamente.
¿Cómo demonios uno entiende que la estas cagando sin siquiera saberlo? ¡Por favor! Ni siquiera soy capaz de dormir sin sabanas porque siento que algo me va a halar los pies ¿Y voy a romper las reglas divinas del destino?
—¿Existe un Dios? —Pregunté mirando a Malec sentado al borde de la ventana garabateando unas cosas en una libreta de apuntes.
Cierto era que, aunque muchísimas de las cosas que ahora sabía y estaban sucediendo me parecían absurdas, tenía más de mil incógnitas y una curiosidad algo tétrica al saber que puedo obtener las respuestas, las cuales, estoy segura que serán probablemente lo contrario a lo que pienso actualmente.
Él recostó la cabeza de la pared y suspiró. No pesadamente, sino en modo de decepción.
—¿Qué? —Vacilé. —¿Es una pregunta estúpida para un ser como tú?
—¿Cómo estás tan segura de que no soy más real que tú? —Fruncí el ceño al no entender por qué contrarrestaba mi pregunta con otra totalmente diferente.
Mi silencio no podía volverse más obsceno ¿De qué estaba hablando? Como existe la posibilidad de que yo sea la que está muerta cuando es él quien aparece de la nada y hace fuego con las manos como si eso fuese algo normal en una persona viva.
—Respóndeme.—Pedí.
—¿El qué? —Se hizo el loco.
—Dios. —Dije sin ganas. Hablar con él a veces era un fastidio tan corta venas que provocaba simplemente tragarse la curiosidad.
—Esperaba esa pregunta en algún momento. —Mencionó.
—Yo espero que la respondas.
—¿Y cuál de las dos posibles respuestas a eso quieres?
—¿Cómo pueden haber dos respuestas, Malec? ¿Existe o no un Dios?
—Siempre hay dos respuestas a todo, Ángel: La verdadera y la que tú eliges creer.
Puse los ojos en blanco y cerré el libro en mis piernas. —¿Podrías dejar ese absurdo juego de ser superior? Me estás sacando de quicio.
—Obvio, no. —Sonrió.
—Olvídalo. —Solté con enojo tomando una toalla y metiéndome al baño para darme una ducha e intentar no verlo por al menos quince miserables minutos.
Abrí la llave y el vapor del agua caliente empezó a llenar el pequeño cuarto; Me desvestí metiéndome de pie en la tina y dejando que el agua recorriera lo que debía.