Los labios de Malec rozaban los míos, carnosos, húmedos, jugosos, tan provocadores que me hacían perder en un éxtasis extraordinario. El movimiento de nuestras lenguas iba a un ritmo lento pero tan torturante que temía por el momento en que se separara de mí.
Tenía su mano, grande y áspera acariciando mi espalda desnuda de arriba hacia abajo y con la otra sujetaba mi cabello y lo halaba con fuerza hacia abajo para no darme ningún tipo de poder ante aquellos besos que fácilmente me estaban derritiendo.
Estaba sentada a horcajadas de él, desnuda contra su cuerpo y sintiendo el calor de su pecho contra mis senos. Tenía toda la razón, los demonios tentaban a la lujuria y Malec era lujuria, deseo, lascivia y posesión en un mismo cuerpo.
No podía salir del trance en el que me tenía, anonadada por su tacto, atrapada con su fuerza y excitada con por su manera de gruñir tan carnalmente entre beso y beso que ni siquiera creí que terrenalmente eso fuese posible.
—Malec. —Susurré entre besos. —Malec, por favor... —Intenté hablar pero el solo me tomaba con más fuerza e intensificaba más el beso, estaba indefensa.
Su mano derecha ahora bajaba por mi cintura y hacia atrás tomando mi trasero y luego acariciando mis muslos, enviando una corriendo por mi espalda que fácilmente podía hacerme correr en menos de un segundo, sin necesidad de penetración, de tocarme, de nada, ese maldito demonio sexual tenía ese poder y estaba dispuesto a dejarme en verguenza usándolo en ese preciso momento.
—No lo hagas. —Jadeé sintiendo un cosquilleo en mi entrepierna, me tenía al borde con solo besos y caricias. —Malec, no lo hagas.—Susurré suplicando para que no siquiera tocándome de esa manera, no quería correrme... o bueno, si quería, pero no tan rápido.
—¿Que no haga qué? —Escuché una voz junto a mí y abrí los ojos de golpe.
Desperté de golpe mirando a Malec sobre mí con las manos enterradas a cada lado del colchón. No estaba tocándome para nada, solo estaba ahí sobre mí, con una risa burlona mirándome fijamente.
No evité sonrojarme, conocía mi mala costumbre de hablar en voz alta cuando soñaba y los últimos días había tenido muchas pesadillas como la última de mi vida pasada, premoniciones, y Malec se había estado encargando de escribir y detallar cada uno de esos sueños para poder analizarlos luego.
—¡Malec! —Exclamó en voz alta y aguda simulando la mía. —¡Oh por dios Malec! ¡Sí! ¡Oh, mierda! —Exclamó con fuerza empleando fuerza en la cama y moviendo el colchón entre risas.
—Cállate. —Pedí avergonzada. —Idiota.
—¡Malec, me vengo! —Gritó con fuerza. —¡Ay, Malec! —Rió con fuerza.
—Bájate de la cama. —Ordené. —No me causa risa.
—Gritabas como prostituta con buena paga. —Comentó pasándose la mano por la nuca. —Debo ser muy bueno en lo que hago, nena.
—Ya está bueno, supéralo. —Gruñí pesada. —Fue solo un sueño, un producto de la imaginación, irracional y completamente obsoleto.
—Mjm. —Rio nuevamente antes de encaminarse fuera de la pequeña habitación.
Bajé de la cama y tomé los zapatos para disponer a colocármelos. La mañana estaba bonita, decente, hermosa y soleada. Debía como de rutina ir a ver a mamá a la cafetería, ya no podía solo esconderme entre los arbustos a mirarla, intentaba como congeniar con ella aunque no tuviese idea de mi existencia.
—¿A dónde vas? —Preguntó Malec volviendo con un pequeño morral negro y desgastado.
—¿Dónde crees? —Dije terminando de atarme las trenzas de los zapatos. —A ver a mamá.
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Neophyte
ParanormalCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
