22. Caos injustificado

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¿Quién es realmente bueno y quién no?


Abro los ojos de golpe y tomo mi respiración en total control; me resulta tranquilizante ya poder hacerlo de manera natural. Mi pulso como ya era costumbre estaba descontrolado y mi juicio, bueno, realmente eso es algo de lo que carecía un cien por ciento del tiempo.

Tenía todas las intenciones de no prestar atención al hecho de que siempre terminaba de una u otra forma inconsciente y a su vez despertando de manera abrupta cada que pasaba algo con mi alma, la cuestión aquí es ¿Qué sucedió esta vez?

Por reacción y también el instinto lo primero que hice fue llevar las manos a mi cabeza recordando que antes de perder la consciencia lo único que quedó conmigo luego de transformarme fue la corona de espinas.

Al tocar mi cabeza sentí una especie de electricidad, la misma que sentí cuando aparecieron los primeros estigmas y cabe destacar que es un tipo de corriente insoportable que te desorienta gracias al dolor. Bajé la mirada y me encontré entre un montón de cristales rotos y un charco carmesí de lo que parecía ser sangre.

Quedé perpleja mirando mis manos, mis uñas se habían alargado en forma de garras con la punta afilada y curvada, también había una especie de tinta negra cubriendo la mitad de ellas.

Debo admitir que froté mis manos con inmediatez, esperaba que fuese tinta, pero lo cierto era que la oscuridad en mi piel era total y completamente natural, incluso mis cicatrices seguían en su lugar, lo único diferente era que mis manos no parecían pertenecer a mi cuerpo y no podía entender por qué, y en todo caso ¿Por qué solo mis manos se habían visto afectadas por lo sucedido?

Intenté ponerme de pie, pero por la inestabilidad de mi equilibrio volvía a caer sentada en el suelo; estaba demasiado débil incluso para levantarme, como si se tratase otra vez de una parálisis de sueño en la que mi cuerpo seguía dormido, sin embargo, estaba total y completamente despierta así eso no era posible.

Giré un poco la cara para identificar lo mejor posible el lugar en el que estaba, y era un hecho que seguía en la iglesia, pero también era verídico que el lugar estaba completamente destruido y que eso era culpa mía.

¿En verdad fui capaz de todo esto?

Me quejé ante el dolor en mi cabeza, por alguna razón sentía que estaba intensificando y por otra parte, el olor de la sangre me tenía asqueada por completo. Un rato más tarde fui consciente de que el dolor en mi cabeza no era lo único que me tenía quejumbrosa, no había podido identificar la punzada que atacaba mi espalda, se sentía como si tuviera dos estacas de madera enterradas en la espalda, quizás tres o más.

No podía dejar de mirar el desastre a mí alrededor, era constante el pensamiento de culpabilidad al saber que había destruido un lugar de tal importancia y, sobre todo, creerme incapaz y serlo anteriormente.

Los bancos de madera, las estatuillas de algunos santos, cuadros, la piedra bautismal, el santísimo, incluso ese lugar estaba destruido y no podía controlar el gran remordimiento de consciencia que me aturdía gracias al caos que había provocado.

—¡Malec! —Llamé con desesperación al único ser en la tierra en el que confiaba; lo necesitaba, temía por él, porque el único vago recuerdo que tenía suyo era trágico y quería que fuese solo parte de un sueño, pero no recibí respuesta alguna, estaba totalmente sola y no podía recordar realmente como terminaron las cosas, ni cómo es posible que siga viva luego de enfrentarme a Ikal.

NeophyteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora