Creer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle.
Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
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Escuché a mi abuela paterna muchas veces decir eso, siempre la veía con la biblia en la mano o un salmo en manera de sermón. Esas palabras eran un tanto peculiares, y lo digo, porque aún no encuentro a un ser humano que no haya dudado al escucharlas. ¿Cómo podrías creer en algo que jamás has visto? ¿Y por qué? Sé muy bien que ella siempre se refirió en su manera a una forma religiosa de interpretar algo, pero ¿Y lo demás?
Cada que esa oración me venía a la mente, mi consciencia interrogaba algo distinto. Jamás había visto un monstruo, pero quizás lo mejor era creer en su existencia. Jamás había visto una sirena, pero cada que miraba el mar en paz y la playa vacía quería incluso ser una.
Con el pasar del tiempo la interrogante siguió pero con cuestionamientos que se debatían en mi mente, jamás tocando la manera religiosa en que mi abuela nos lo había inculcado, siempre con otras cosas, y entonces llegamos al punto en que la incógnita resultó ser verdad, pero seguía preguntándome lo mismo, aunque tuviera la respuesta en frente de mí.
Si nunca he visto un demonio ¿Puedo creer en ellos?
—¿Un demonio? —Pregunté entre risas echando la cabeza hacia atrás. —No puede ser. —Reí más fuerte. Como si hubiera aspirado una especie de gas de la risa. Él no se movió, no cambió de posición, su semblante permanecía petrificado. Solo me miró fijamente hasta que con mucha dificultad pude dejar de reír.
—¿Terminaste? —Preguntó con voz ronca, la cual, me produjo una sensación extraña en todo el cuerpo.
—¿No podías decirme que eras otra cosa? —Pregunté crédula. —Incluso si me decías que eras el chupa cabras no me hubiese dado tanta gracia.
—Supongo que tendrá que ser de la otra manera. —Murmuró.
—¿Ah? —Pregunté como una tonta sintiendo un escalofrío recorrerme la espina dorsal.
En un abrir y cerrar de ojos, lo que estaba en frente de mí y que lucía como una persona, dejó de serlo, en su lugar una criatura humeante y oscura tomó su lugar.
Di varios pasos precipitados en reversa, como el susto de hace un rato no hubiese sido suficiente, el terror se había apoderado nuevamente y de peor forma en mi cuerpo.
Grité como si mi vida dependiera de ello, las ventanas resonaron con el estruendo. Estaba temblando, sudando, no podía respirar, estaba tan asustada como unos minutos atrás y en la misma posición, atrapada, con la diferencia de que ahora estaba completamente segura de que no se trataba de un fantasma.
La criatura no emitía sonido alguno, solo estaba ahí de pie frente a mí y entonces, pude recordar con exactitud su parecido con la sombra en mi sueño, aquella que me detuvo. Quise emitir una palabra, pero estaba demasiado concentrada en tener mucho miedo, que en hablar.
¿Qué podía hacer o decirle? ¿Qué mierda se suponía que debía pensar? ¿Qué es todo esto?
La criatura se acercó un poco y puesto que lo que había detrás de mí era una barra me vi acorralada e indefensa ante él, si es que podía llamarlo con ese pronombre. Cerré los ojos con fuerza y temor al ver lo que parecía ser su mano dispuesta a tocarme, y efectivamente lo hizo.