23. se parece un poco a Malec

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—Me recuerdas a él. —Murmuro más para mí que para él, sin embargo, Ivón parece sorprendido.

—¿A Malec? —Pregunta sin necesidad de resaltar lo evidente.

Asiento. —Podría incluso pensar que eres él en el cuerpo de otra criatura.

Inmediatamente Ivón ríe de una manera sarcástica y se deja caer en el suelo del baño frente a mí. Lo siguiente que veo es a un ángel con complejo de superioridad mirándome con una sonrisa ladeada.

—El único parecido entre él y yo es que ambos recibimos ordenes de matarte. —Comenta como si nada. —Él no pudo, y yo no quise.

—¿No quisiste? —Repito para ver si no escuche mal.

—Ese día en el callejón. —Hace una pausa. —No tenía algo impidiéndome matarte y acabar con tu ciclo de reencarnación, simplemente no quise hacerlo. —Explica en un tono de voz suave ahora llevando una de sus piernas hacia su pecho. —Yo puedo causar e interferir en ti en todos los aspectos en los que Malec no puede, que estés aquí en este momento es porque así lo quise, Mila, no porque seas un ser extraordinario.

Quedo perpleja mirando la pared detrás de él para no concentrarme en lo jodidamente arrogante que suena todo lo que dice.

—Cada vez es un cuento diferente. —Digo levantándome de la tina y apoyándome en la pared de azulejos viejos para poder salir.

Es extraño, no me causa ningún tipo de inseguridad encontrarme casi desnuda en frente de Ivón y seguiré pensándolo una y otra vez porque jamás en la vida me había causado seguridad mi cuerpo, mucho menos la idea de que alguien más lo viera.

Cuando Malec dejó en claro que me había visto y supuestamente tocado en muchas ocasiones en las que no era visible para mí por no tener los estigmas, me preocupé, me preocupó mucho el hecho de que él viera mi forma humana e incluso después de recordar que esta forma no es la única que mi alma ha adoptado me causó aún más inseguridad.

Pero no con Ivón.

—Necesito volver con Samedi. —Anuncio antes de tomar una franela de algodón de una vieja silla y secarme la cara suavemente sin intención de lastimarme. Una ráfaga de viento toma mi cuerpo erizando por completo mi piel.

Ivón aparece con lo que parece ser una vieja toalla color verde pastel, rota y un poco manchada colocándola sobre mi cabello y siguiendo su camino hacia otra habitación, es entonces donde me doy el tiempo de prestar atención al lugar.

Es una casa abandonada muy evidentemente, faltan muchísimas cosas y la humedad en las paredes es evidente. Nadie ha vivido en este lugar por años, pero Ivón parece conocer el lugar a la perfección, podría incluso creer que le pertenece.

Hay una pequeña habitación con un inodoro y una bañera, una pared que divide con otra habitación donde hay una estufa conectada a una pequeña bomba de gas y una mesa de madera desgastada con una vela encendida.

Es de día, no veo necesidad de tener la luz de una vela blanca encendida así que me dispongo a soplarla, pero justo antes de poder soltar el aire la mano de Ivón cubre mi boca.

—Ni se te ocurra. —Susurra mirándome fijamente.

—No es necesaria. —Digo tomando acción de nuevo en apagarla por completo. —La luz del sol es lo suficientemente...

Me encuentro sola.

Miro hacia los lados en la habitación y frunzo el ceño al darme cuenta de que quedé hablando con la nada luego de soplar la vela. Una pequeña ráfaga de humo desprende de la mecha y veo pequeñas formas en ella con un parecido familiar al de las criaturas que veo en mis sueños.

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