Abro los ojos y me siento de golpe en la cama. Intento controlar mi respiración, pero mi tráquea parece estar obstruida, mi corazón como ya se había hecho costumbre desde que el demonio apareció estaba agitado y al borde de un infarto fulminante. Por impulso me llevé las manos al cuello y sentí un pequeño ardor alrededor. Quejumbrosa acaricié esa parte de mi cuerpo intentando tolerar ese ardor, pero no sabía identificarlo o definirlo, era una sensación nueva y extraña.
Pensé en los estigmas, pero no logré recordar alguno que fuese en el cuello, lo cierto es que ni siquiera conocía el orden de aparición de los mismos. Llevé las manos a mi frente y toqué las heridas, se sentía una leve costra la hinchazón, como si en lugar de ser agujeros se tratase de cuernos a la espera de crecer.
Levanté la mirada y sentí como mi bilis subió y bajó por mi garganta rápidamente. Enterré las uñas en el colchón húmedo y viejo impulsándome hacia atrás en la vieja cama intentando de alguna forma resguardarme.
El miedo estaba al límite en mi sistema, no sabía si lo que estaba mirando era real, pero lo parecía y para como estaban las cosas desde que Malec estaba cerca, todo podía serlo. No había nada tan tétrico comparado con lo que estaba en frente de mí, ni siquiera lucifer.
Una criatura de piel tan oscura como la noche, alas grises tan largas como un halcón y cuernos tan impresionantes como los de un ternero se encontraba de pie delante de mí.
Su cuerpo aparentaba ser humano, fornido, con una especie de tatuajes más oscuros que su cuerpo en todos lados; sus ojos eran un contraste de rojo y negro con un pequeño aro en el iris dorado, su cabello largo y azabache, tenía garras y estaban apoyadas en el extremo de la cama de forma en la que me hacía creer que estar ahí era algo que le causaba fastidio.
¿Qué era esa cosa?
Su piel emanaba una especie de humo oscuro, como si su cuerpo fuese tan caliente como para desprender vapor. Sus alas estaban caídas pero incluso recogidas se notaba su inmensidad, tan largas que se arrastraban en el suelo como una cola y en más, no había nada que le cubriera eso que parecía ser un miembro.
—¿Dónde está Malec?—Pregunté con la voz temblorosa. Realmente no sabía si lo que había en frente de mi era un demonio o algo de lo que me pudiera fiar ¿Pero quién se fiaría de algo que luce así? Le vi sonreír a medias y fruncí el ceño extrañada. —¡Donde está, pregunté! —Exclamé con fuerza.
Su ceja derecha se elevó con una leve impresión, imagino que respecto a mi tono de voz. Una sonrisa ladeada se dibujó en aquel rostro y un colmillo blanco y afilado como de tiburón resplandeció. No pude evitar pensar en su alimentación, si era un cazador y con esos dientes y esas garras desgarraba el cuello de sus presas.
No recibí respuesta de su parte solo dio media vuelta y seguidamente dio también unos pasos hacia la ventana. Lo siguiente que escuché fue un golpe en el techo, hilos de tierra cayeron sobre mí luego de eso, como si algo pesado hubiese caído sobre el lugar y yo solo deseaba que no fuese otra bestia como esa. La criatura levantó la cabeza con expresión seria, me dio otra sonrisa torcida y seguidamente una criatura idéntica a esa entró de manera fugaz por la ventana.
La criatura que entró traía algo en las manos, parecían plumas negras, tan grandes como de un cóndor, se veían suaves y poderosas; Podía incluso creer que las había arrancado de las alas de un ángel, pero eso no tenía sentido, las alas de los ángeles eran blancas ¿No? y lo cierto es que a diferencia de la otra, esta criatura tenía los ojos grises, tan grises como los de...
—Malec. —Susurré y quizás no lo dije tan bajo porque terminé llamando su atención. Ambos giraron a verme. —¿Eres tú? —Pregunté dudosa y deseando que la respuesta fuese un rotundo sí.
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Neophyte
ParanormalCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
