16.1 (Recuerdos)

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 Misericordia 


El fuerte olor del alcohol antiséptico y el cloro que invade nuestras fosas nasales al entrar a un hospital es innegable, algo que ni porque te esfuerces podrás pasarlo por alto. Y me enfoco mucho en estos dos olores porque aparte de que es lo primero que se percibe también son tan poderosos que desde el primer momento pueden hacerte olvidar lo que sea que estés pensando, y, curiosamente esos dos aromas juntos son una especie de droga para nuestro cerebro guiándolo a un mismo pensamiento: Muerte.

Porque si, se trata de un luchar donde alguien murió, está muriendo o morirá próximamente y esos dos aromas específicos engloban ese maldito termino, morir. Antes, durante y después de alguna muerte siempre se está desinfectando el lugar la siguiente vida que se cobrará en ese lugar, sin embargo, la parte contradictoria de esos olores es que no abordan también el hecho de que en ese lugar reciben vidas que vienen al mundo, el olor del prenatal tiende a ser un poco más perfumado, en parte un poco más cálido y también más colorido.

Es inevitable no pensar que un hospital puede ser la entrada y salida al infierno, por lo menos para mi no es inevitable pensarlo ¿Llegas al mundo en uno y te despides del mismo en otro? La duda no es tan descabellada si lo pensamos con detención, incluso las personas que no mueren o nacen en un hospital se ven en la obligación de igual acudir a uno y de cierta manera el Memento Mori no toma su auje sino es hasta que el cuerpo ya se encuentra en ese lugar.

Y quizás ese alguien soy yo, o bueno, definitivamente soy yo quien acaba de ser golpeada abruptamente por esos dos aromas penetrantes mientras olvido por completo como llegué a ser una alma deambulante por los pasillos de el hospital central de la ciudad.

Un flashback de emociones toma mi mente recordando las luces de los autos, los gritos desgarradores de las personas cerca de mí, el frío de la brisa otoñal, el rosto de Malec en pánico y la mirada abrazadora de aquel ser que en algún momento intentó acabar con mi vida.

El auto me golpeó tan fuerte que sentí la suspensión en el cuerpo al salir disparada por el impacto, al caer, una cantidad incontable de huesos en mi cuerpo se fracturaron contra el asfalto de la calle y al rodar las magulladuras se sintieron rasgaron la dermis y dejando parte de la misma en el pavimento. El dolor fue insufrible al momento e indescriptible, podría incluso recordar las palabras de Jack Dawson "La muerte de esta manera se iguala a un millón de cuchillos apuñalándote" la diferencia es que Jack podía aspirar a una muerte instantánea, yo seguía viva y sintiendo a flor de piel todo lo que mi cuerpo experimentaba en lo externo.

Entre esos huesos rotos estaba mi cráneo, quien como porcelana había chocado contra las rocas del asfalto abriéndose y causando una hemorragia tan severa que el río de sangre que corría desde mi cabeza tenia su auje en las alcantarillas de la calle.

Malec jamás se movió de donde estaba, podía incluso mirar la desesperación y el shock en su semblante, definitivamente no estaba preparado para que todo se diera de esa manera y espero sea consciente de que yo tampoco.

La multitud de personas corriendo a socorrerme de inmediato, pero al mirarme instantáneamente retrocedían por una especie de miedo indescifrable. L escena en si era demasiado tétrica y la estaba mirando en tercera persona desde un costado como en aquel sueño que tuve hace ya semanas, la escena era similar pero sinceramente el dolor es peor.

No entendía el temor repentino en esas personas, incluso entre los policías y paramédicos que titubeaban al tocarme, si no me conocían ¿Cómo podían temerme? ¿Acaso podían sentir el estigma? Algunos palidecían al verme, otros se retorcían de los escalofríos, habían quienes tenían la mano en la cara del horror y habían otras personas desmayadas por el shock, pero ¿Por qué? ¿Qué estaba causando eso? Ocurrían accidentes a diario y mucho más tétricos que el mío ¿Qué estaba sucediendo conmigo?

NeophyteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora